«Catastro de Ensenada»

Desde que Tomás, compañero del alma, lo bautizó como “Lugar donde duermen los recuerdos”, acudir al Archivo en busca de la memoria del tiempo y de los hombres, se ha convertido en un ritual mágico… Es, como díría Galy, otro compañero del alma, meterse en la máquina del tiempo y dejarse llevar.

Hoy quiero contaros ese viaje que hice a una de las joyas de ese lugar de recuerdos dormidos: “El Catastro de Ensenada”, documento guardado en la Sección de Estadística y fechado en 1753.

Pero, ¿Qué es el Catastro de Ensenada? Este documento es  una averiguación minuciosa a gran escala que se realizó en los 15.000 lugares de los que constaba la Corona de Castilla, entre los que se encontraba Torrejoncillo. Dicha averiguación fue ordenada por el rey Fernando VI, a propuesta de su Ministro, el Marqués de la Ensenada.

Expertos del reino elaboraron 40 preguntas, que proporcionaron muchos datos de interés a la hora de conocer esta época de nuestra historia.

Por aquel entonces, Torrejoncillo era un pueblecito con una riqueza considerable, a tenor de las respuestas dadas. Éramos entonces 779 vecinos, entre ellos 3 pobres de solemnidad y 8 clérigos;  y decía el Catastro, que aquí no había casas de campo ni tipo alguno de alquerías.

Había una casa que servía de Ayuntamiento, otra que hacía las veces de Carnicería, una Fragua, varios trozos de tierras de labor y una Dehesa de pasto, salpicada de encinas, que llamaban “La Boyal”, a cuyo cuidado estaban una serie de Guardas a los que se asignaba un sueldo de 650 reales anuales; el ganado estaba atendido por un Mayoral que ganaba 808 reales, ayudado por un Zagal al que pagaban 400 reales anuales.

Los gastos del Ayuntamiento ascendían a 10500 reales al año, y el Consistorio estaba formado por un Alcalde, un Regidor, Procuradores Síndicos y el Escribano, Francisco Gil Guillén, al que pagaban al año 1380 reales.

Los vecinos, según reza en este documento, no pagaban renta alguna por aprovechar los lugares comunes, así como tampoco pagaban nada por el aprovechamiento de la Jamarga, Tierra Vieja, Los Pradillos y los San Albines.

El Catastro de Ensenada es uno de esos documentos que a una la entristece escudriñar, porque te das cuenta de la cantidad de oficios y patrimonio que ha perdido Torrejoncillo, señorío por aquel entonces del Ducado de Alba.

Y es inevitable preguntarte por tanta pérdida: ¿Habrán sido los estragos del tiempo, la falta de evolución o de visión de negocio? Podríamos estirar las disyuntivas, pero no sé si merecerá la pena.

Vivían sus habitantes, en su mayor parte, de la agricultura. En su mayoría eran tierras de secano (Viñas, olivares, pasto y cereales) y algunas de regadío donde se cultivaban hortalizas, todos sabemos de la fama han tenido en este pueblo nuestro las hortelanas, esas “ortolanas” que llegaban con sus cestos repletos del color y del sabor del campo a vender sus productos en la plaza.  Se dice que también se producía lana de bastante calidad y abejas bulliciosas que regalaban generosamente una miel densa y dorada.

Había cuatro molinos harineros, el más importante se hallaba al sitio de la Salgada de la Torre, perteneciente a los Duques de Alba. Este molino molía ocho meses al año un total de 416 fanegas de trigo. Los otros tres molinos eran de menor importancia, con respecto a las fanegas que molían al año. Uno estaba en la Ribera de Fresnedosa y los otros dos en otra ribera cuyo nombre no se especifica.

Nos habla también el Catastro de dos batanes, en los que se apelmazaba la lana para que adquiriera más consistencia. El batanado requería de una emulsión de agua caliente, orina y tierra de batanero(caolinita o greda) para blanquear la lana y absorber la grasa.

Era un pueblo aceitero, con tres molinos de aceite  que estaban activos unos 52 días al año. Una tahona, que creemos se refiere al molino de harina movido por un animal de tiro, para distinguirlo de un horno para cocer pan que también existía.

Cuatro eran los abastos que proveían de los productos más básicos, por aquel entonces. El abasto de carne movía unos 8000 reales de negocio al año; el de vino, unos 2800 reales; el de jabón 1000 reales y el de aceite unos 500 reales.

Cuatro mesones hacían las delicias de los comensales en el Torrejoncillo del XVIII que facturaban unos 1200 reales anuales cada uno: Juan de la Cruz, Pedro Sánchez, Domingo Sánchez y Juan Clemente.

La Mercería de Francisco Fernández Ballesteros, facturaba al año unos 3000 reales.

Nos informa también el Catastro que había un Administrador de Aduanas y Tabacos; un Recogedor de Diezmos; un abogado, Sebastián Clemente, que tenía asignado un sueldo de 1200 reales anuales. El Peón Público y Ministro Ordinario ganaba 451 reales.

Los niños que tenían la suerte de asistir a la escuela, estaban atendidos por tres maestros: Francisco Ramos Sarmiento, Pedro Rodríguez y José Moreno, cuyo sueldo no llegaba a 600 reales al año. EL  preceptor de Gramática, Pedro Sánchez, ganaba unos 800, lo mismo que el Sacristán, José Díaz.

Muy importante era y es velar por la salud del alma; pero si los cuerpos de esos 779 paisanos se ponían enfermos,  eran atendidos por un médico, D. Antonio Amaya, que cobraba unos 4400 reales al año, y que tenía que estar disponible las veinticuatro horas del día y los 365 días al año. Claro que el médico,  era acompañado por una serie de auxiliares como: tres boticarios: Domingo Sánchez Moreno, Manuel del Saz y Gerónimo Gómez que, dependiendo de su categoría, ganaban entre 800 y 1500 reales anuales. También auxiliaban al médico, un Cirujano, Domingo Sánchez y Barberos-Sangradores: Domingo Martín, Sebastián Sánchez, Gerónimo Pérez y Juan Sánchez, para los que se asignaban 1500 reales.

No sólo del trabajo de la tierra vivían nuestros antepasados, aunque sí es verdad que era la inmensa mayoría, se contaban unos 340 jornaleros, entre los que tenían yunta propia y los que no; jornaleros que ganaban 3 reales diarios. De reseña obligada es la Fábrica de Paños que, por aquellos tiempos, estaba en su punto álgido; distinguiéndose entre fabricantes de 1ª, 2ª, 3ª y 4ª clases. Si los sumamos todos, habría unos 103 pañeros, los cuales salían, muchos de ellos, a vender el producto fuera de Torrejoncillo.

Existían 15 maestros de sastrería,  17 maestros zapateros, 4 maestros carpinteros, 12 olleros, que ganaban 5 reales al día; 1 tejedor, que sacaba un sueldo de 4 reales y 137 cardadores, por cuyo trabajo les eran pagados 2 reales y medio al día.

Y hasta aquí ha llegado hoy esta pequeña y humilde lección,  de historia de nuestro pueblo, ese pueblo que Galy ha quedado claro, que no cambia por ningún otro y que yo, qué quieren que les diga, tampoco.

Mª José Vergel Vega

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6 Comments

  1. TMS

    A este compañero del alma, lo has vuelto a dejar una vez más… sin palabras! gracias por este artículo lleno de historia y recuerdos, gracias por hacernos llegar estas joyas!!!

  2. Pedro Luis

    Qué gran labor haces por nuestro pueblo, por la historia.
    Artículos así no tienen precio, pero sí mi agradecimiento y mis respetos. Gracias por regalarnos tu tiempo y tu sabia sensibilidad!!

  3. ana

    Felicidades Mª Jose. Como siempre es un placer leer tus escritos, aunque sea esta vez para entristecernos al comprobar lo que fuimos y lo que somos. Espero que sirva para reflexionar y luchar por lo nuestro.

  4. MALM

    Perdón Enhorabuena.

  5. MALM

    Simplemente sublime, no dejes nuca de deleitarnos con tus escrtitos, enorabuena.

  6. Algo ha pasado

    Excepcional documento (felicidades Mª José), aunque dado los datos del mismo y vistos los de hoy en día, cuesta trabajo no cambiar el pueblo en el que vivo por otro de mejor porvenir. Aun así, me uno a ti y a Galy y me quedo viviendo en él, por si de ello sirve para la mejora presente y futura.