Mi casa y mi corazón
Durante toda la noche me hablaron tus caracolas. Traían rumor de desazón y tristeza, y te eché de menos, querida Julia. Tú sabías muy bien qué hacer cuando la vida nos arrolla y no sabemos poner en orden aquello que sentimos. Tú sabías encontrar la palabra exacta para reflejar esa punzada que atraviesa el alma, este renegar de todo cuanto nos aleja de ser uno más entre todos los demás, de vivir en armonía social, tan necesaria. Debería ser ilegal ser inhumano. Debería estar penado no acompañar en el dolor y en la desesperanza a quienes sufren. A aquellos...
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