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Heráclito y el otoño.

Heráclito y el otoño.

“¡Hay que ver cuántos dioses! No obstante, ¡qué solo y desvalido está el hombre!”

(Los milagros del vino, Jesús Sánchez Adalid)

Dejo que pasen las horas y emborrono de cualquier manera mi Cuaderno de Hadas.

Dice Eduardo Galeano que él escribe cuando le pica la mano. Yo no sé si es entonces cuando escribo, o es la certeza del otoño la que me arrastra a hacerlo de manera casi compulsiva. La nueva estación, fiel a su cita, ha levantado ya su tienda en mis dominios, y hace que la tristeza trace una cenefa indeleble para enmarcar las palabras que, quiero creer, brotan del hormigueo de mis manos; aunque de sobra sé que es el corazón quien las dicta.

Busco un resquicio de la alegría del verano al pasar la hoja. Tan sólo hallo un leve poso que indica, que en otro tiempo, hubo allí posadas alas de mariposas , o puede que fueran las libélulas que suelen estampar, con toda sutileza, sus frágiles huellas.

No sé. Será el otoño que hace tiempo no me sienta nada bien. En cuanto empiezo a ver que los árboles se desprenden de sus hojas, noto que me pongo mohína y acecho, cual posesa, nuevas arrugas, surcos de vida que llaman algunos, en el espejo.

Cada nuevo Septiembre es la misma cantinela, me repito que he de cambiar de mundo, porque  éste cada vez me gusta menos.

Subrayo en mi Cuaderno de Hadas una nota al margen: Me urge encontrar la risa, en algún sitio la perdí y no hay manera de dar con ella.

Tengo la sensación de estar subida a una noria donde los extremos se tocan más de la cuenta.

Septiembre es un mes de pérdidas en el que me doy de bruces con los extremos y me da por pensar que el equilibrio, el mío y el del mundo, se  pierden sin remedio en el más lejano de los  finisterres.

“El camino hacia arriba y abajo es uno y el mismo y Dios es día y noche, invierno-verano, guerra-paz, saciedad-hambre…el bien y el mal son una sola cosa”.

¡Ya véis cómo me pongo de filosófica! La culpa la tienen Heráclito y el otoño, que siempre me han obsesionado mucho; aunque puede que la gota que haya colmado el vaso haya sido Lo que esconde tu nombre, la novela de Clara Sánchez, que me ha hecho terminar el verano entre nazis malnacidos de ahora y de siempre.

Para que el mundo funcione (ironía on, que dirían algunos) son necesarios los extremos: blanco/negro; guerra/paz; bondad/maldad; saciedad/hambre; vida/muerte, amor/odio…

¿Es tanta la distancia que los separa? ¿Son tan opuestos como parecen? ¿De verdad , los extremos se tocan? ¿Son los polos los que hacen que el mundo “funcione”?

Dudo, luego existo.

El mundo, en mi humilde opinión, funciona, pero mal; aunque lo más correcto sería decir que sigue girando, todavía. En condiciones normales, los extremos no deberían tocarse y si así no fuera, que la parte positiva absorbiera a la negativa…¿o debería ser al contrario?

Porque…¿si el amor se traga al odio, sigue siendo amor o se convierte en odio? ¿La paz puede absorber a la guerra y terminar con ésta, o más bien sucede lo contrario?

Da la impresión de que los extremos están descompensados, porque seguro que  interesa que así sea. Lo justo para que todo funcionase, sería encontrar el punto medio, el equilibrio perfecto. Pero nivelar ambos extremos es muy cansado para el espíritu y a casi nadie le compensa, por desgracia.

Siento la ración de dudas que os estoy sirviendo a palo seco, pero ya os avisé que llegado el otoño, me pongo bastante insoportable; así que entendería que en este mismo instante, diéseis carpetazo a mi Cuaderno de Hadas, si no lo habéis hecho ya.

¡Qué complicados somos los de nuestra condición! Porque, no me negaréis que, al menos en alguna ocasión, os habéis sentido dentro de esta espiral, yendo de un extremo a otro, haciendo equilibrios imposibles en un peligroso tobogán que, sin daros cuenta os lleva del amor al odio, de lo bueno a lo malo, de la felicidad a la infelicidad, de la vida a la muerte, del hambre a las ganas de comer…y todo esto porque dicen que este bamboleo es ley de vida, la ley del vértigo de vivir.

Si la vida es vértigo: ¿hemos de resignarnos a vivir en los extremos, en el extremo que le interese al gobernante-todopoderoso de turno?

Los extremos pueden ser muy peligrosos, sobre todo, si perdemos de vista nuestra condición de humanos limitados y mortales. Todos sabemos que hay demasiados dioses en la tierra que habitamos, que se creen con derecho a sembrar semillas de muerte y nos exigen obediencia ciega y que los nombremos en todas nuestras plegarias.

¡Jamás escribiré una oración para ellos en mi Cuaderno de Hadas! ¡Palabra de Julia!

Está claro que para vivir necesitamos de un equilibrio entre unas y otras fuerzas; ahora bien, no para todos el punto medio se encuentra en el mismo sitio; por eso, hace tiempo que dejamos atrás el sueño de buscar un mundo perfecto. Pero nunca debemos dejar de ir en pos de un mundo más justo:

“No me refiero a esta justicia, sino a la justicia que logra que haya un equilibrio en el Universo, que haya la justa cantidad de helio para que podamos existir y que haya la proporción necesaria de bien y de mal, de sufrimiento y de placer para poder vivir. Vosotros rompísteis el equilibrio”.

Son las sabias palabras de Julián, uno de los protagonistas de Lo que esconde tu nombre, superviviente de un campo de concentración nazi; palabras que le espeta a uno de sus captores, que después de vivir salvaguardando el mal, ( que para él y otros como él era el Bien Supremo) recibe como premio pasar su vejez en una villa lujosa frente al mar.

Hay muchos que aún siguen hoy día, nazis de nuestro tiempo,  rompiendo el equilibrio, utilizando gases mortales y armas, prohibiendo respirar a aquellos que no caen de rodillas a su paso. ¡Qué injusto que aquellos que han basado y basan su vida en imponer su código mortífero de poder, guardianes del Mal Supremo, que trataron y tratan a la humanidad como ganado, encuentren, porque es ley de vida, un momento en el que se sienten instalados dentro de la estela del Bien! Porque en algún instante, aunque sea efímero, aman a sus mujeres e hijos, ayudan a alguien que se cae en la calle, sonríen y dan los buenos días, se enamoran, sufren…

Siendo justos, los tiranos, que tratan a los que consideran la raza débil como bestias, no deberían gozar de los placeres de la vida. Pero los disfrutan y no sienten remordimientos por ello. ¿Será por eso que dicen que los extremos se tocan? Y si esto es así, ¿qué nos hace decantarnos por uno u otro lado? ¿Qué nos hace decantarnos por lo positivo y huir de lo negativo?

Pienso que la clave está en pensar en los demás como pensaríamos en uno mismo. En creer que si ellos son felices, nosotros también lo seremos. Si me alegro por la dicha de mis semejantes, el mundo será un lugar impregnado de cosas buenas. Hace tiempo que estoy convencida de que si dejáramos que fuera la naturaleza la que impusiera las leyes, nos volveríamos más humanos y dejaríamos lo divino para los dioses.

Me vais a permitir que yo también cierre mi Cuaderno de Hadas, porque ya no tengo fuerzas para seguir reflexionando, esto de ir de un lado para otro marea demasiado.

Sólo me gustaría cerrar los ojos y que el “Sandokán rubio” del Yoni me dejara dormir pegadita a su costado. Incluso un salvaje como él, tiene sus momentos tiernos; y cuando aspiro el olor a flor de jara que sale de sus rizos, me parece encontrar el equilibrio, ese que, al menos, permite que el mundo y yo  sigamos  girando.

 Mª José Vergel Vega

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