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Evolución demográfica de Torrejoncillo (y II)

Evolución demográfica de Torrejoncillo (y II)

Desde el Torreoncillo BUENOHace quince días interrumpíamos la narración y dejábamos a nuestro pueblo en su momento, sin duda alguna, de mayor esplendor, con el aumento de dos mil personas en tan sólo un siglo, el XVIII. Este súbito crecimiento afectó naturalmente a todos los sectores. Y no fue una excepción el culto religioso.

El espacioso local de nuestra Iglesia Parroquial había permitido hasta entonces que pudieran celebrarse varias misas a la vez en altares distintos por los numerosos capellanes adjuntos a la parroquia. Pues bien, hasta la iglesia se quedó pequeña y hubo que prohibir esta práctica de celebrar al mismo tiempo en diferentes altares. Así podían entrar más fieles, concentrados todos en una única ceremonia: “siendo la Iglesia Parroquial de cortísima capacidad respecto a la feligresía para que esta pueda oír misa con comodidad en los días de precepto y de devoción, mandamos que en los días de fiesta sólo se ponga un recado en la sacristía y dos en los días feriados para que de esta suerte no se celebren las misas a un mismo tiempo y los fieles puedan asistir a ellas…”1

Y claro, a mayor población, mayor número de defunciones, especialmente de niños pequeños, cuyos numerosos entierros causaron algún que otro disgusto: “… que por la crecida vecindad de dicho pueblo y fallecimiento de niños se subsisten y mueven alborotos y ruido al tiempo de abrir los sepulcros de dicha parroquia descubriendo y moviendo antes del que corresponde muchos de los cuerpos grandes…Mandamos que de ahora en adelante se entierren los niños que fallecieren en la capilla de san Isidro, con la distinción de primera, segunda o tercera clase como se practica en referida parroquia.”2

Como consecuencia de la guerra de la Independencia, la destrucción del pueblo y la emigración temporal a otras localidades, la vecindad torrejoncillana descendió en los comienzos del siglo XIX. Contribuyó también en gran manera a este descenso la epidemia de tifus surgida por entonces. El tifus consiguió abarrotar la iglesia y las ermitas de cadáveres, siendo necesario habilitar un huerto como cementerio. Esta habilitación creó más problemas que soluciones, pero dejemos eso por ahora.
En 1811 éramos 3576, y desde ahora hablaremos ya sólo de habitantes, aunque aún se sigan, a veces, dando cifras de vecinos. Pero Torrejoncillo supo renacer. En 1824, se habla de 4200, y en 1829, de 4435. Cerca de 900 habitantes más en ni siquiera 20 años. Es el período que sirve al Conde de Canilleros en uno de sus escritos para poner a nuestra localidad como modelo de resurgir de un pueblo tras los desastres de una guerra.

Continúa aumentando el censo local hasta la mitad del siglo XIX. Hay en esta etapa bailes de cifras con respecto a nuestra población. La que más sobresale es la facilitada por Madoz, que nos sitúa con 6573 almas en 1846. Ya lo comentamos en la primera parte de este artículo y no vamos a repetirlo. Situémonos pues en una posición más lógica y centrémonos en la población que conocemos de 1851, esto es, 4918 pringones, que descienden a 4734 en 1857. ¿Qué ha pasado ahora? Ha pasado el cólera, dos años antes, y pese a los buenos oficios del doctor Sarmiento, que tiene dedicada una calle, y del doctor Flores, que no la tiene, marcharon dirección san Saturnino cerca de sesenta personas más de las habituales en tres meses, sin contar los fallecimientos infantiles, que debieron duplicar, o más, las defunciones adultas puesto que la mortalidad infantil era ya de por sí muy numerosa sin necesidad de fiebres tifoideas. Rondaban entre 120 o 150 al año las muertes de párvulos, que así se denominaba a los niños en los libros se defunciones.

Tras el cólera, la población se estabiliza un poco a la baja: 4716 en 1872. Pero en el último cuarto de siglo comienza un nuevo ascenso. Desde los 5004 de 1875, pasando por los 5280 de 1887, hasta los 5424 de 1901. Los paños habían dado un nuevo estirón, más ilusorio que real, y el empujón repercutía favorablemente de nuevo en la estadística vecinal. Pero este renacer dejaba ya ver un futuro bastante negro, siendo ya imposible, pese a intentarlo, corregir las causas originarias de la desaparición de tan importante industria. Fue algo así como engordar para morir. No sorprende, por lo tanto, comprobar que en 1912 Torrejoncillo hubiese perdido a 700 de los hijos con los que comenzó el siglo y que en 1920 los torrejoncillanos sólo fuesen 4593. Y si digo lo de “perdido” es porque casi todos ellos se fueron para siempre. Cruzaron el Atlántico buscando nuevas vidas. Fue la conocida emigración “a los Buenos Aires”, así llamada por ser Argentina el lugar más habitual de destino. Pero también los hubo, los menos, que se establecieron en Perú, Brasil, Cuba y Puerto Rico. Aquí los vieron marchar, impotentes de impedirlo, aunque lamentándolo. En la sesión de 28 de noviembre de 1811 el alcalde, D. Eugenio Serrano, se queja de la mala situación económica del pueblo, agravada por la plaga de la filoxera, y de que sean ya 681 los emigrantes que han abandonado el pueblo. Hay un muy buen estudio de Mª José Vergel sobre este tema y este momento en la Revista “El Telar: Torrejoncillo 1900-1940”

El descenso continúa hasta 1923 (4177) y a partir de aquí comienza un nuevo resurgir, lento pero seguro, que no se interrumpirá ni siquiera con la guerra civil (4883 habitantes de derecho en 1936, y 5063 en 1939) Fueron los años del desarrollo de otra importante industria en nuestra localidad, la del calzado, que, como todo desarrollo, favoreció considerablemente el aumento de población consiguiendo llegar a 5514 habitantes en 1950. En 1960 habíamos descendido muy poco, casi nada. Éramos 5499. Pero a partir de aquí, mejor no comentarlo. La caída de la industria del calzado, la desaparición paulatina de aquellos talleres que compartían zapateros y aparadoras, hizo posible una nueva emigración, no menos importante que aquella de los Buenos Aires. Ahora el destino fue distinto, bien a las zonas industrializadas de nuestra nación establecidas en Cataluña o en las provincias vascas, o a países europeos: Alemania, Holanda, Francia o Suiza.

La disminución del número de habitantes no refleja fielmente la grave realidad que supuso esta nueva emigración ya que nunca más, ni aún con la incorporación a mediados de los 60 de la pedanía de Valdencín, se recuperó el censo población iniciando un peligroso y alarmante descenso que aún continúa. En 1970 sólo llegábamos a 4652, Valdencín incluido. Seguimos bajando en 1975 (4150). Continuó la merma en 1981 (3684). En 1989 nos enderezamos un poco (4004). Pero la caída era inevitable. En 1990 tenemos dos cifras, de dos distintas fuentes, ambas a la baja: 3915 y 3989. Llegamos al 2000 con 3557. En el 2010 aún fuimos menos, 3307. Y el día 31 de mayo de 2013, la fecha cuando inicié este escrito, componíamos el censo de población de Torrejoncillo sólo 3263 almas (1613 hombres y 1650 mujeres), con la observación ya citada de que en esas almas están comprendidas 383 de Valdencín.

Adjunto, gracias a la amabilidad de Mar Valerio, nuestra pirámide de población sacada ese último día de mayo del presente año:

Piramide

Espero que el tema, a pesar de las cifras, no haya sido muy soporífero. Quizás no merezca la pena tantas horas de recopilación, pero me daría por satisfecho si a alguien le ha servido para algo. Esperemos que la materia de dentro de quince días sea algo más festiva.

1. Archivo Histórico Diocesano de Cáceres.- .- Mandado de Visitas.- Parroquia de San Andrés.- Libro 70.- (1743-1783)
2. Ibiden

Antonio Alviz Serrano

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