Los «escraches» de Julia

Los «escraches» de Julia

Los seres de ficción tenemos alguna que otra ventaja sobre los que sois de carne y hueso.

Para mí, como Julia que me llamo, la mayor de las ventajas es tener la edad que en cada momento me venga en gana y asombrarme con lo que me salga del mismísimo asombro.

De la misma manera, puedo jactarme de tener total impunidad si me parto de la risa cuando vosotros, mortales, entre ellos esa innombrable que fisgonea mis cuadernos, parecéis haber descubierto de pronto una palabra tan vieja como la misma indignación; bueno, quizá no tanto, es que con esto de no ser real pero parecerlo, se me va un poquito la olla.

La palabra a la que me refiero es “escrache” que algunos, dicho sea de paso, no habían oído en su vida. Aunque, a decir verdad, puede que lo que les resulte  nuevo sea el significante, porque lo que es el significado…que no me digan que  no han ido por ahí “escrachando” alguna vez.

A ver, para que nos vayamos enterando; “escrache” es un término que forma parte del español de Río de la Plata, en la mismísima Argentina, allá donde algún que otro bisabuelo se fue un día a comprar tabaco…y hasta la fecha. Inciso aparte, el término “escrache” se refiere a “una manifestación popular de denuncia contra una persona pública, a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que en general se realiza frente a su domicilio o en algún  otro lugar público al que deba concurrir la persona denunciada”.

El diccionario de la R.A.E, siempre tan radical por aquello de limpiar, fijar y dar esplendor; recoge el verbo “Escrachar”, verbo de la primera conjugación que se conjuga como “amar” , al que se toma  como sinónimo de “romper, destruir, aplastar”; que viene siendo el significado que han adoptado peperos y allegados varios a Don Mariano y su corrupta compaña, para hacerse las víctimas ante una indeseable panda de violentos escrachadores.

Después de llevar ya días escuchando el vocablo y analizando la situación largo y tendido, me he dicho: ¡Ostras, Julita, pero si esto es lo que hacíais tú y tu pandilla (grosso modo, no nos vayamos a poner tiquismiquis que yo soy un ser de ficción) con el Yoni al frente, cuando a la Tere no la dejaba salir de casa su cónclave de matriarcas.

Nosotros, nos reuníamos para organizarnos, imbuídos por el espíritu de Fuenteovejuna, y bolsa de pipas en mano, bocadillo, pancartita que rezaba: ¡Ere, ere, ere, queremos a la Tere!, nos instalábamos a la puerta de nuestra amiga.

Primero llamaba uno que, tímidamente, preguntaba: Esto…que si deja salir a la Tere…

Al rato salía su madre, arrellanaba el pecho inmenso sobre el alféizar y sin saber dónde miraba con aquel ojo de cristal, nos decía: ¡Que no sale hoy!

Dejábamos pasar un rato prudencial hasta que lo intentaba el siguiente, para obtener la misma o parecida respuesta, apostillada desde dentro por la abuela impedida de Mari  Tere que, oyendo el clic-clic de las pipas, y algún que otro escupitajo del Yoni, nos advertía que si no quedábamos la acera impoluta nos tendría limpiando la semana entera: ¡Escraches que le cayeran a la buena mujer!

Cuando ya estábamos a punto de terminar la ronda de intentos, y de estirar todo lo estirable la paciencia del Yoni, al que le faltaba un suspiro para que se le despertara la vena salvaje y se fuera a correr aventuras por su cuenta, porque a aquel Sandokán rubio la paciencia no le sobraba precisamente. Justo en ese momento, la madre de Mari Tere, se asomaba a la ventana para anunciarnos la buena nueva; cosa que notábamos en que el ojo de cristal desprendía un destello singular. A la madre de Mari Tere se le reían hasta los pechos cuando se echaba aquella carcajada tan redonda y nos decía: ¡Condenados niños, que sí, que ya os habéis salido con la vuestra, que ya sale la Mari Tere…jajaja!

Entonces era el momento en el que volaban por el aire las cáscaras de pipas, nos echábamos a rodar por el suelo y se escuchaban por doquier los gritos de “¡Ere, ere, ere, tenemos a Mari Tere!” , acompañados también de la advertencia de la abuela que desde dentro nos recordaba que ay de aquel que se largara sin limpiar  la puerta…

Por tanto, y resumiendo que es gerundio, para llevar a buen término un “escrache” hay que conocer bien las reglas del juego. Aquellos que participan en un acto de este tipo: escrachadores  y escrachados; han de saber los primeros por qué tocan las narices a los segundos y, estos últimos por qué han de dejarse tocar las susodichas.

El buen “escrachado” no se hace jamás la víctima (véase talante  de la madre de Mari Tere): aguanta y presiona a la vez que lo presionan. Un “escrachado” que se precie, debe saber comprender el por qué de ser denunciado por la gente, convecinos suyos, que lo conocen bien y le tocan las narices para hacerlo volver a la senda correcta; de toda la vida de Dios nos han venido diciendo lo que pasa con las ovejas descarriadas, que si las dejas, cogen costumbres de lobos. Cosa que está pasando mucho en este país nuestro; de aquí a nada , a algunos nos van a pinchar y no vamos a dar ni gota de sangre.

Y para terminar con las reglas del juego, los “escrachadores” han de recoger, una vez termine o se dé por terminado el “escrache”, todo el atrezzo utilizado: cáscaras de pipas, papeles de chicle, el albal del bocadillo, panfletos y pancartas, restos de paciencia si quedaran, la indignación, el vivo sin vivir en mí, el es que no doy crédito, etc, etc…meterlo todo en la manta, atarla y, a otra cosa que, desgraciadamente, aún quedan muchas narices que tocar.

Mª José Vergel Vega

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1 Comment

  1. CMC

    Que manera de contar las cosas!!! Chapeau!!!

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