Las mariposas de Rilke
Amanece. Aún con el calorcito de las sábanas pegado al cuerpo, pienso, con una sonrisa, que es la mañana de Reyes. Me desperezo poquito a poco y rezo, como cada mañana, mi particular oración del náufrago. Pienso en lo hermoso que estará el campo esta mañana fría de Enero, salpicado de lágrimas de rocío. Me levanto , estoy impaciente por ver si los Magos han hecho bien su trabajo. Doy una vuelta por la casa. Todo parece en orden, ¿a ver si los Reyes se han olvidado pasar por aquí? De algún rincón sale Manolita abriendo la boca descomunalmente; me mira, y parece decirme que a ver si me estiro y le ofrezco un desayuno gourmet que para eso hoy es fiesta. Dejo que sea Julita, que aparece con el pelo revuelto y el paso cansino, quien le sirva su paté favorito de trucha y salmón, manjar divino para una mañana tan especial; al menos para un gato. Las dejo que se las entiendan y recuerdo que aún no he entrado en el salón. La puerta está cerrada; buena señal, pienso…y la abro lentamente, como cuando era niña. A tenor de lo que veo, los Magos no se han olvidado de hacer escala en mi casa. Hay distintos apartados, montañitas de papel de colores perfectamente colocadas por nombres. Los vasos de leche están vacíos, el roscón terminado; del cubo...
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