LA MANO DE MI ABUELO ERA LEY
Mi abuelo era un hombre normal, de los de antes, de los de ganarse el pan con el sudor de su frente, en el sentido más literal; haciendo lo único que sabía hacer y que lo hacía bien, con la ayuda de su amigo Manuel (el gitano). Recorría al año todas las ferias de ganado de su entorno, haciendo tratos de compra y venta de ganado (caballos, burros y mulas), pues no hace tantos años estos animales eran parte importantísima en las unidades familiares que se dedicaban a las actividades agrícolas, no sólo como medio productivo, si no también como medio de transporte, o para tirar de los carros en las recogidas de cosechas etc. ¿Y por qué digo que la mano de mi abuelo era Ley?, la verdad es que es fácil de entender. Tenía yo unos doce años, mi abuelo era ya muy mayor. Una de esas tardes en las que no le apetecía hacer nada, (que eran las más), bien es sabido que las personas que se dedicaban al campo, de una u otra manera, cuando llegaban a la vejez, la mella que en ellos había dejado el campo, era honda y profunda, con todos sus huesos cansados por haber trabajado de sol a sol, puso su brazo sobre mi hombro, y enseñándome la otra mano (la derecha), empezó a contarme historias de sus múltiples tratos,...
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