¡Otro toro!

¡Otro toro!

Desde el Torreoncillo BUENOEscribía en el capítulo de la semana anterior que aquellos que por 1910, a cambio de un voto favorable, pidieron al político de turno un toro como panacea de los problemas municipales de su tiempo eran dignos sucesores de sus progenitores, quienes se pasaron más de medio siglo celebrando los acontecimientos de mayor relevancia con la lidia y muerte de reses bravas. No se rompía con ello la continuidad de las fiestas de septiembre. Eran caprichos añadidos, suplementos especiales ofrecidos al pueblo o solicitados por éste a la menor oportunidad.

Sabemos que el siglo XIX fue un ir y venir continuo de cambios y sistemas políticos: absolutistas, liberales, monárquicos, moderados, radicales, progresistas, isabelinos, republicanos, alfonsinos, etc, etc…, cada uno de su padre y de su madre, pero en el fondo, como ya he escrito en alguna ocasión, idénticas cigüeñas que retornaban al campanario. Toda una colección de calificativos que contribuyeron a matar entre todos a la nación y a que se muriera ella sola. Como escribía el propio siglo por la pluma de D. Jenaro:

Pasé mi niñez de majo,
mi juventud de vencejo,
mi madurez de pendejo,
mi senectud de espantajo.
mi bandera es ya un pingajo
que en el arroyo se moja
¡Ay la pobre gualda y roja!
No es extraño que se aje
pues del antiguo linaje
no queda quien la recoja.

¡Y bien ajada que la quedaron los yankees tras lo de Cuba y Filipinas! Nos habíamos pasado todo el siglo presumiendo de lo que no teníamos y festejando todo lo habido y por haber a base de charanga y pandereta, que diría Machado. Aquí en Torrejoncillo tampoco nos quedamos cortos y regocijamos lo mismo bodas reales que triunfos militares, pronunciamientos y levantamientos que proclamaciones o juras constitucionales. ¿Cómo? Con la suelta, lidia o muerte de vacas, novillos o toros como punto fuerte de la conmemoración. No sorprende, por tanto, que en algunos cambios de tercio, perdón, de sistema político, los representantes locales del bando triunfador programasen corridas o capeas entre la alegría de un pueblo a quien posiblemente poco le importaba, o quizás nada, quién era el organizador de la farándula. En Torrejoncillo quedan pruebas de muchos de estos acontecimientos. Vamos a entresacar algunos:

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De la boda, por llamarla de alguna forma, de la Reina Isabel II en 1846 hay constancia de grandes festejos que duraron tres días. Además de celebrar un solemne Te Deum, hubo repique de campanas, refresco popular, iluminación de calles y plazas, y lidia de dos toros, repartiéndose la carne de los mismos entre los pobres juntamente con una libra de pan (“… que el sábado veinticuatro se corran y maten dos toros y que amasándose diez fanegas de trigo…”) Buen preludio este de los toros para un matrimonio donde las astas estuvieron siempre presentes gracias a los numerosos amantes de la ardorosa soberana y la homosexualidad de su primo y marido, Francisco de Asís, alias la Paquita. El pueblo resumía ambas tendencias con dichos como “Isabelona tan frescachona y don Paquito, tan mariquito”, o con maliciosos versos: “Gran problema es en la Corte, averiguar si el consorte, cuando acude al excusado, mea de pie o mea sentado”.

A pesar de la difícil situación económica, la Corporación Municipal no tiene más remedio en 1878 que festejar también la célebre boda de Alfonso XII y María de las Mercedes. La popularidad de la joven pareja por ser boda “por amor” y no “de estado” trascendió en toda la nación y por supuesto aquí ¿Y cómo iba a celebrarse? Evidentemente con un toro. No importaba que fuese invierno: “…aproximándose el día designado para el matrimonio de S.M. el Rey con su prima la Excma. Infanta D.ª María de las Mercedes, y no habiéndose acordado todavía por esta Corporación nada con qué solemnizar tan fausto suceso, cree que, en su concepto, debía acordar el Ayuntamiento aquello que más creyera conveniente dadas las condiciones de la localidad, sin olvidar el estado precario de los fondos municipales, dando de este modo una prueba de adhesión a nuestro joven monarca y de regocijo a tan feliz acontecimiento…Después de una ligera discusión, acuerdan por unanimidad que el día 20 del corriente mes (Enero), que es el señalado para dicho acontecimiento, se lidie en esta plaza pública un toro por cuenta de los fondos municipales.”

En julio de 1854, la Junta Provisional de Gobierno local, presidida por D. Cándido Osuna García, apoya el pronunciamiento militar del general O’Donnell y para celebrar el triunfo del “ejército libertador” y “del pueblo soberano” acuerda que se lidien dos toros y que se reparta la carne de ambos entre la ya denominada clase proletaria y la Milicia Nacional: “…Enseguida acordaron del mismo modo… se celebren dos toros de muerte los que el uno se repartirá entre la clase proletaria de la población y el otro a los individuos de la Milicia Nacional. Que se prevenga asimismo al pueblo que en los días que tenga lugar la corrida de los dos toros acordados iluminen las fachadas de sus casas al repique general de campanas en obsequio del triunfo de la libertad obtenida por el ejército libertador y el pueblo soberano “.

Aclaremos que la Milicia Nacional era un ejército local formado por unas 50 o 60 personas. Solía aparecer en períodos con los liberales en el poder y estaba encargada de mantener el orden constitucional, misión muy noble que degeneraba frecuentemente en la persecución arbitraria de absolutistas. En los años en que el poder pasaba a estos últimos salían a escena los Voluntarios Realistas, banda armada como la Milicia, pero con objetivos totalmente opuestos, es decir, contribuir a mantener el poder real, tarea casi exclusivamente limitada a la persecución, ahora, de liberales. Lo de siempre.

Pero, volvamos a los toros. En septiembre de 1868 los que se levantan son Serrano, Prim y Topete, provocan la caída de la monarquía y mandan al exilio a Isabel II. Había nacido “La Gloriosa”. Dos sesiones de nuestro Consistorio en un mismo día, el 3 de octubre. En la primera se acuerda lidiar dos toros los días 5 y 6 para solemnizar la llegada del Alzamiento Nacional del Reino. En la segunda, se decide aumentar el número de reses lidiadas añadiéndole una vaca, cuya carne, al igual que la de los toros será repartida entre el nutrido grupo de pobres de la población: “La Junta Revolucionaria de esta población queriendo dar más ensanche y solemnizar con más fuerza y vigor el alzamiento nacional decreta: Que no siendo suficiente para un pueblo numeroso como el presente, en el que existen dos terceras partes de pobres de solemnidad, se lidie una vaca en los mismos días que los toros .Que con el pan que produzcan veinte fanegas de trigo se repartan a los mismos por medio de una comisión de la misma compuesta por…”

Al año siguiente y con motivo de la proclamación y jura de la Constitución por las Cortes Constituyentes se programa una novillada para el 27 de junio: «… y con el fin de preparar después de este tan grandioso acto un refresco para los concurrentes lo hacía presente… y que además tenga lugar en este mismo día una novillada en la plaza pública, con iluminación general de calles, velando día y noche hasta la conclusión de estas fiestas por la tranquilidad pública…” Sólo un mes después se vuelve a la realización de un festejo taurino, pero ahora con dos toros: “… La Corporación Municipal queriendo dar a sus administrados pruebas inequívocas de acendrado patriotismo y amor a la libertad de que se halla poseída y festejar con los mismos el alzamiento nacional y jura de la Constitución decretada y sancionada por las Cortes Constituyentes en seis de junio del mes anterior acordó: se lidien dos toros de muerte que con quinientos panes se distribuyan entre los Voluntarios de la Libertad y vecinos pobres de solemnidad de que tanto abunda esta población…”

Fueron también celebrados los triunfos de los ejércitos nacionales, alfonsinos, sobre las tropas carlistas. Era febrero de 1876: “…en que el Sr. Gobernador Civil comunica la toma por la fuerza de de las armas de los fuertes de Estella , Montejurra y Peña Plata, nido hasta ahora de los insurrectos carlistas, manifestando dicho Sr .que tales acontecimientos eran preludio de la paz muy cercana que tanto ansía la nación… y que esta corporación para levantar el espíritu público abatido por tantas causas debe ofrecer al vecindario algún festejo público. Por unanimidad acuerda: Que por los Sres. Presidente y López se proceda a la adquisición de un toro que se capeará en la plaza pública el lunes próximo lidiándose por todas la personas que quieran, dándole muerte; luego su carne será enajenada por los mismos señores y su producto se reservará para hacer un donativo a los hijos del pueblo que hubieran sido heridos en aquellas batallas…”

Finalizada la lucha, los soldados torrejoncillanos triunfantes, reclaman una capea y la carne del toro para celebrar la victoria y la paz. A la cabeza de ellos, D. Ángel Gil Martín, alférez mutilado en la contienda y posterior alcalde de Torrejoncillo: “… de una solicitud suscrita por el oficial D. Ángel Gil Martín y otros jóvenes naturales de este pueblo y que han sido licenciados por virtud de la paz, feliz augurio de la terminación de la guerra civil, en la cual se han encontrado todos al lado de las banderas nacionales, solicitando se les entregue el toro que, con destino a donárselo, adquirió y pone este Ayuntamiento…”

Podríamos seguir con más citas, pero creo que ya está bien. Quizás sean demasiadas. Puedo asegurarles que hubo más festejos de los que he citado en esa centuria y que continuaron con asiduidad en el nuevo siglo XX completando incluso a veces los festejos de la feria de junio, como ya hemos relatado en episodios anteriores. Dejemos ya los toros y esperemos que si alguien viene a ofrecernos realidades o utopías para el porvenir de nuestro pueblo sepamos pedirle algo más que un toro. Aunque no me extrañaría que alguno…

Antonio Alviz Serrano

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5 Comments

  1. obamin

    Hola a tod@s.
    Señor Jose no creo que la critica ofenda a nadie,ni siquiera al interesado.
    No soy grosero por lo tanto lo que expreso no duele,otra cosa es que no te guste,para eso ajo y agua amigo.
    Por otro lado no e tenido el placer de leer tu comentario sobre el escrito,quizas no te gusto.Quizas seas afin del escribiente y solo te importe lo que diga,sin saber lo que dice.
    Se a convertido en el Critico Mayor del Reino,sin saberlo.Un saludo.

  2. Jose

    Obamin: Ahí tienes los archivos municipales , el archivo de la catedral de Coria o el provincial de Cáceres, no cobran por ir ; ve documentandote y lo escribes tú mismo,ah… y deja ya de criticar .

  3. JAVIER CABALLERO

    Querido Antonio.
    Ya tuve oportunidad de decírtelo personalmente este verano en el fragor de los bares, los vinos y las cervezas. Por favor, sigue con esta estupenda tarea de ilustrarnos con tu sabiduría y concienzuda labor de escribir «los artículos pringones»
    Un abrazo y ya nos veremos.

  4. obamin

    …Moraleja,dale carne al pobre y fiesta al rico.
    Herencia desde tiempo inmemorial.
    ¿No hay nada que haya hecho un torrejoncillano de a pie?,vamos, uno como tu y como yo…
    Se cansa uno de tanto alcalde,diputado,o general carlista.
    La poblacion llana tambien tiene historia,seguro.
    Por lo demas todo bien.Adios

  5. Enrique Santos Bueso

    Querido profesor. Quiero felicitarte por tus artículos de tan alta calidad que tanta compañía me están haciendo este verano. Eres un lujo para todos y para mi un orgullo ser tu alumno. Muchas gracias.

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OFRENDA FLORAL A CABALLO A MARÍA INMACULADA TORREJONCILLO 2019

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