Elogio del artesano

Elogio del artesano

Tinajas Moreno León

Me van a perdonar pero hoy no tengo ganas de comentar las mejores jugadas de la semana a base de sosa caústica y anecdotario familiar. No. Ni siquiera voy a lamentarme porque los parroquianos de mi barra de cabecera me quedan un poco lejos. Por mí, hasta la rubia se puede ir por donde vino con sus pulserones, su jeta de cemento armado y su rutilante expresión de amante despachada. En el fondo no es más que un síntoma esta señora, una muestra de la estulticia imperante. A veces hay que desconfiar del que no trabaja con las manos, de aquel que no produce más que humo, incertidumbre, vacío, índices bursátiles, leyes que son papel mojado… en un tiempo en el que nada parece sólido quizás tengamos que volver de nuevo a la tierra para tocarla con las manos, abonar certidumbres, recolectar certezas, sentir lo que verdaderamente tiene cuerpo y calor entre las manos. Lo que es sólido y permanece, incluso a despecho de la muerte y del paso del tiempo.

Quizás haya que dejar a un lado a quienes se enriquecen de forma ilícita con solo firmar documentos vergonzantes, quizás haya que dejar de hablar y de escribir acerca de quienes levantan fortunas insólitas utilizando las influencias de un cargo al que han llegado por la ignorancia de los votantes.

Quizás haya que centrarse más en aquellos, aquellos que, mayoría silenciosa y silenciada, hacen día a día su trabajo cotidiano con amor, con cuidado, con entrega, con humildad, con esfuerzo. Aquellos que no saben hacerlo de otra manera y que han transmitido ese conocimiento y, sobre todo, esa forma de vida a sus hijos, hijos que no han dilapidado la sabiduría ancestral, sino que han sabido modernizarla y acrecentarla.

Quizás sean estos quienes merecen ocupar las portadas de los diarios porque ellos son, verdaderamente, la sal de la tierra. Gentes que han levantado sin ayuda y sin queja el tejido productivo de este país y a los que nadie ha regalado nada porque todo lo que han tenido ha sido fruto de su esfuerzo. Me van a perdonar, pero en ese pueblo extremeño donde me dejé un trocito se nos ha muerto, a los suyos y a todos los que tuvimos la fortuna de conocerle, el señor Daniel, el alfarero, y miren, creo firmemente que él sí se merece que recordemos que en este país, aparte de un buen montón de indeseables hay gente buena, gente excepcional, gente trabajadora, gente emprendedora, gente que no ha sabido hacer las cosas de otra manera que no fuera bien… porque, afortunadamente para todos, quienes moldean el barro de un país no son los que se llevan el dinero fuera, los que aprovechan un puesto para lucrarse, los que hacen de un episodio vergonzante una forma de vida. No. Hay gente como el señor Daniel capaz de vivir una vida de entrega, de trabajo, de tarea cotidiana, amada, recibida, transmitida. Vivirla y reposarla, porque cuando yo le conocí, el señor Daniel ya estaba retirado aunque recorría religiosamente varias veces al día el camino a la moderna alfarería. Y es que la artesanía en Torrejoncillo no es solo un trabajo cotidiano, es una razón de ser, una forma de estar en el mundo. Moldear el barro para hacer que contenga tantas cosas… tantas cosas buenas con las que vivir al calor de su alimento… cuando yo le conocí, el señor Daniel hacía gallos de barro para los niños y solo redondeaba con su mirada las tinajas con las que Antonio, Rafa y Carlos, sus hijos, llenaban las modernas naves.

Quizás sí, haya que hablar de aquellos que convierten la tradición ancestral en innovación, en modernidad, en lo que hace una región y no sus ansias separatistas. Hablar de manos que construyen, hacen, levantan, y no en aquellas que se estrechan en tratos vergonzantes que después un juez tiene que desentrañar.

Quizás sea tiempo de dejar las conjeturas, lo falso de los oropeles y hablar por fin de aquellos que nos enseñaron el valor de una vida de entrega, entrega al trabajo, a la familia –del tipo que sea- a aquel que necesite de nosotros de una u otra manera.

Quizás sea tiempo de reivindicar a quienes verdaderamente son importantes y no quienes solo lo parecen. Qué voy a contarles, para mí haber conocido al señor Daniel y a la señora María ha sido un don impagable. Ver cómo moldearon su vida desde la dificultad en el torno del esfuerzo para entregársela a otros, para construirle a sus hijos el recipiente de amor desde el que seguir trabajando, con la misma entrega, con la misma fuerza, con otra modernidad, sí, la misma que los nietos usarán para mantener la tradición, aquello que, cambie lo que cambie, tiene importancia, la importancia de la tierra, del torno, de lo que nos identifica desde siempre.

Por eso esta vez sencillamente le quiero rendir un homenaje a quienes, como el señor Daniel, el señor Juan, el padre de Ana, mi propio padre, levantaron con su esfuerzo aquello que tiene importancia. Desde la dificultad, desde la entrega. Una tarea que debemos continuar, a despecho de lo que perdemos, de lo que cambia, de lo que nos arrebatan. A despecho a veces, de nosotros mismos. Pero ahí, siguiendo la senda de quienes verdaderamente importan… los demás, los demás son puro humo, papel de periódico que hacemos arder, ellos, ellos son verdaderamente, mi querido señor Daniel, la sal de la tierra. La suya, la que está ahora feliz de abrazarle porque el suyo ha sido un hermoso fruto. Lo sólido, lo auténtico, lo real, lo perdurable, lo verdaderamente valioso.

Charo Alonso

Fuente: Digital Extremadura

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2 Comments

  1. Elvira

    Querida Charo: gracias por regalarnos un articulo tan bonito, de los nos llegan al corazón, todo esto tiene que dar un giro, hay que encarar  toda esta problemática desde otros puntos de vista, y en este articulo tú nos das ideas por donde tenemos que ir , tenemos que dar un giro a nuestros pensamientos y a nuestra forma de actuar.no podemos permitir que los que nos manejan tiren por tierra lo que le ha costado tanto TRABAJO levantar  a esa generación a la que pertenecía «tio Daniel».si hoy somos algo ,es gracias a ellos.Un abrazo para todos.

  2. pepa

    Gracias . querida Charo , por este precioso artículo.  Como soy tan llorona aquí estoy llorando a moco tendido. Estoy contigo, hemos de hablar más y reconocer la labor de hombres y mujeres sencillos, trabajadores, cercanos , que tanto amor han dado y seguirán dando y que con su vida de entrega nos regalan lecciones imprescindibles para poner en práctica cada día.