«Elogio del convite» por Charo Alonso

Digital Extremadura.com
Domingo, 13 mayo 2012

Yo estaba muy dispuesta esta semana a hablarles de economía, a quejarme de la brutalidad policial, a lamentarme de ese sentimiento de pesimismo feroz que todos compartimos… pero, qué quieren que les diga, me fui de Primera Comunión a Torrejoncillo y ni modo, he venido convencida de que hay que tirar pa l´ante con alegría y hasta con la ayuda de la Iglesia, por qué no. Para los que no conozcan mi pueblo de adopción tengo que decirles que aquí hace nada a medias, ni a medias ni por obligación. En Torrejoncillo se hacen las cosas con cariño y con sinceridad, cuando alguien llega y dice que viene a cumplir es el mejor elogio que puede otorgarte: viene a compartir la alegría y si se tercia, un dulce y una copa de vino. De celebración en celebración, de casa en casa, de mesa en mesa, los torrejoncillanos hacen el recorrido para cumplir, para participar de la alegría y traer su presencia, su regalito, su pequeño sobre, su afecto. De casa en casa, mientras las niñas acaban de machacar los bordes de su vestido blanco de novias adelantadas, mientras se suceden los vasos de plástico y los dulces del convite, dulces de nombres exóticos, flores de sartén y platos de jamón ¿Quién dijo crisis? En la iglesia, entre niño y niño, velas, vestidos de fiesta y flores, el cura pide que reparemos en el cesto de Cáritas, solicita a quien le sobren sacos de dormir y tiendas de campaña para los transeúntes… ese mismo cura que ha hablado con estos niños tiesos de tanta laca y tanto traje de marinero, tanto nervio y tanta cámara. Qué largas, familiares, generosas, multitudinarias y alegres son las fiestas familiares en mi pueblo extremeño… uno se siente desbordado de tanta romería de casa en casa, de tanto niño que corre por la calle de todos con la camisa nueva fuera de los pantalones. Hace calor, se pega la miel de los coquillos, se deshace el hielo de los vasos y el padre de la criatura festejada, mi querido Pedro, se afloja el nudo de la corbata. La consigna es que el invitado al convite, el que viene “a cumplir”, se vaya lleno, satisfecho y comparta la alegría. Ana no se baja de los tacones repartiendo platos entre el gentío y el vecino alfarero que tiene no el alma de cántaro, sino el corazón de tinaja llena, trae más sillas porque la gente se desborda por la calle habitada. Qué extraña virtud tiene la hospitalidad de mis amigos de Torrejoncillo, lo mismo montan una Comunión que una romería al San Pedro, lo mismo llevan el Pendón de la Virgen, que sacan en procesión a San Isidro por las calles blancas… huele a la Extremadura de mis peores alergias, ese perfume denso a azahar, a rositas apretadas en las alambradas… no sólo mi pequeño pueblo está ahíto de fiestas, de comida, de niños zumbones y de convites… la ciudad entera está de gozos de mayo, de bodas, bautizos, comuniones y pura alegría desplegada en platos, derramada en los vasos que se comparten y se vacían con este calor espantoso. Me duelen los pies y no sé cómo no se cae de sueño la princesa homenajeada que ya se deshizo de las trenzas de peluquería, del vestido de volantes, del reloj de los abuelos, la pulserita de oro y esa borrachera feliz de los días irrepetibles. Su madre le lava los pies y la deposita en la cama porque se ha quedado dormida en el sofá en un descuido de la fiesta mientras la noche cae tras las calles apretadas de mi pueblo blanco de cuestas y de gentes en fiestas. En toda Extremadura bullen esas fiestas familiares que nos hacen pensar que no todo está perdido. Ante esta celebración entregada, ante el convite al que he tenido el honor de ser invitada no valen ni mi ironía, ni mis ganas de atacar al personal. Todo es hoy luminoso, optimista, sabe a vino dulce de misa y a niña de blanco, sabe a alegría, como todo este mes de mayo… esa alegría que no nos hace perder la esperanza.

Charo Alonso

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