El torrejoncillano Enrique Santos analiza la patología ocular que padeció la Princesa de Éboli

Un trabajo de Enrique Santos, de la Unidad de Neurooftalmología del Hospital Clínico de Madrid, ha analizado la patología ocular de la Princesa de Éboli valiéndose de sus retratos. Según él, un traumatismo pudo producir la perdida de visión y la atrofia y afuncionalidad del órgano.

La patología oculta tras el parche que cubría el ojo derecho de la Princesa de Éboli «podría tratarse de un proceso secundario a un traumatismo inciso-contuso con pérdida de visión y atrofia progresiva del globo ocular y órbita derechos y endotropia e hipotropia reactivas por la afuncionalidad del órgano», ha explicado a DM Enrique Santos Bueso, de la Unidad de Neurooftalmología del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, que ha estudiado el aspecto médico del parche de este controvertido personaje de la historia. Los resultados están pendientes de publicación y se presentaron en el Seminario de Oftalmología Ramón Castroviejo de la Universidad Complutense de Madrid en homenaje al profesor Julián García-Sánchez, jefe de servicio de Oftalmología del Clínico.

«No existen datos concretos de qué le ocurrió a la Princesa de Éboli en el ojo. Existen rumores y teorías, como que un paje le clavó un florete jugando o que se cayó del caballo en Valladolid. Sin embargo, queda descartado que padeciera una patología infantil, ya que hasta los 14 años no hubo constancia de ello ni de que sufriera estrabismo, ni en sus biografías ni en las capitulaciones matrimoniales», ha dicho Santos.

Para el trabajo, Santos ha realizado un análisis macroscópico de algunos retratos. En ellos se aprecia una asimetría facial, ya que «el arco ciliar derecho está más descendido, la región orbitaria es más pequeña y el parche no aparece elevado sobre el globo ocular». Esta evidencia podría plantear un proceso evolutivo de ptisis bulbi (tisis del globo ocular) desde la adolescencia con alteración de la estructura y tejidos perioculares por atrofia progresiva del globo ocular.

Santos también ha analizado el parche que luce la princesa en varias pinturas. Éste parece ser de anacoste, un tipo de lana ligera y fresca fabricada en Normandía. «Al no encontrarse en oclusión semicompresiva le permitiría parpadear, ya que por transparencia puede distinguirse el ojo abierto y varias estructuras oculares». Por ello, en el tercer paso ha analizado en la transparencia del parche la estructura ocular. «Se observa cómo el ojo derecho se encuentra en endotropia e hipotropia evidentes a pesar de hallarse ella en versión izquierda. Incluso parece apreciarse un leucoma paracentral temporal superior».

Santos plantea dos hipótesis sobre el origen de la patología: un traumatismo inciso con ojo abierto o bien un traumatismo contuso sin perforación. «Ambos evolucionarían a ptisis bulbi derecha progresiva, endotropia o hipotropia reactivas por la afuncionalidad del ojo y alteración y asimetría secundaria de la estructura periocular con enoftalmos, al producirse el traumatismo en la adolescencia y estar desarrollado el macizo facial».

El trabajo se basa en varios ensayos sobre la vida de la Princesa, Felipe II y el Siglo de Oro, y principalmente en la obra de Manuel Fernández Álvarez, de la Universidad de Salamanca, y el estudio médico en una parte del trabajo de Gregorio Marañón, que aparece en su libro Antonio Pérez, de 1947.

Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Éboli y de Melito y duquesa de Pastrana y de Francavila, nació el 29 de junio de 1540 en Cifuentes, Guadalajara, y se casó a los doce años con Ruy Gómez de Silva -que fue avalado por Felipe II, del que era privado-, con el que tuvo diez hijos. Fue un personaje de singular importancia en su época, y relacionada con el rey Felipe II, su hermano don Juan de Austria y sus respectivos secretarios, Antonio Pérez y Juan de Escobedo, además de la reina Isabel de Valois. Las intrigas palaciegas la conducirían a ser recluida en el Palacio Ducal de Pastrana, donde murió a la edad de 51 años.

Biografía

Según explica Santos, «el trabajo de Fernández Álvarez, que estudió las cartas autógrafas de la Princesa, conservadas en Simancas, advierte del gran tamaño de la letra de ésta, así como del uso habitual de una plantilla para obtener unos renglones espaciados y alineados. Para este autor es un signo de miopía acusada desde la juventud». Asimismo, aunque otras teorías han aventurado que la Princesa de Éboli utilizaba el parche por coquetería, Santos establece en su estudio que realmente padecía una patología.

Fuente: Diario Médico

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