Ecce Homo
Me sucede , cada vez más a menudo, que me da vértigo pensar en el futuro. Y todo, porque el presente se nos está llenando de «pequeños dictadores», que anhelan callarnos la boca y convertirse en Directores Generales del Universo, con busto inpertérrito incluído, erigido en medio de la plaza del pueblo. Así las cosas, no debe extrañar a nadie que una una escriba cosas como éstas. Es un secreto a voces que no nos damos largos ratos a la alegría. Sabemos de sobra, porque de tontos no tenemos ni un pelo, que no corren buenos tiempos para el entusiasmo. Los labios huyen de los vocablos amables, porque en realidad las palabras que albergan son aquellas que sin medias tintas lo mandarían todo , o casi todo para ser más exactos , allá donde la espalda dicen que pierde la decencia. Hace días que ni se me ocurre convocar las palabras de amor, esas ñoñeces a las que acudimos para aparentar que vivimos en los dulces mundos de Yuppi. Hace tiempo que olvidé la sonrisa dentro de algún bolso de fiesta, complemento que pasó a mejor vida por culpa de una tal prima de riesgo y la turba de potentados sin escrúpulos que la engendró. Harta estoy de tanto carroñero siempre al acecho, que ríen como hienas estúpidas sobre la meseta reseca de nuestro sufrimiento. Y así las...
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