¡CAMARERO, HAY UN TORO EN MI SOPA!
No, no crean que miento cuando digo que hay un toro en mi sopa, que otra vez ha vuelto a caer un toro en mi comida y que parece irremediable que mañana, cuando vuelva a sentarme al mantel de estas fiestas, sea una vez más inevitable encontrarme con otro morlaco en mi comida, y otro más en la cena, y más al día siguiente, y así continuamente hasta que quince toros demuestren toda su bravura, un día tras otro, y otro y otro y otro, cayendo como moscas sobre el ruedo del plato. Y sin embargo, es en estos cinco días festivos en los que a mí, y a muchos más comensales como yo, nos encantaría variar de vez en cuando el menú y no tener que molestar al camarero diciéndole lo que nos sucede y que, a día de hoy, es vox populi: el toro en exceso es indigesto. Podéis decirme que soy reiterativo en comentarios, que no es para tanto, y sobre todo que las fiestas de agosto son las fiestas de los toros y que para eso, y para disfrutarlas, se desplazan multitud de torrejoncillanos y foráneos hasta nuestra localidad. Pero no nos equivoquemos. Ya el Cesar en la Roma Imperial contentaba a la plebe prolongando los juegos hasta la saciedad y el pueblo respondía asintiendo y dejando hacer. Pero ni somos romanos, ni somos plebe,...
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