CARTA ABIERTA A MAGDALENA ÁLVAREZ
Señora ministrilla: Conste en primer lugar que el diminutivo es cariñoso y no desdén, y es afectuoso y no despectivo. Naturalmente, tampoco me refiero al tamaño corporal ni a la estatura, aunque sea usted más bien breve y amañosa, o como dicen los italianos una “Venus tascabile”, o sea, una Venus de bolsillo. Esto de la brevedad de su figura lo digo desde luego en su elogio y alabanza, porque en esa materia de mujeres grandes y pequeñas me considero un seguidor del Arcipreste, gran devoto, como usted sin duda sabe, de la dueña chica, a la que cantó en versos muy dignos de rememoración. Bueno, dejemos ahora al pícaro del Arcipreste, que ya llevo mucho Arcipreste esta mañana, y no sólo con usted. Quería decirle que debería usted colgarse una medallita de san Cristóbal, patrón de los transportistas, para ver si le echa una mano con ese cirio de dos libras, o sea, ese amblehuelo, que tiene usted organizado en Cataluña con los trenes y los autobuses y los coches y los atascos y los apagones y las grietas y los hundimientos y los socavones. Esto le pasa a usted, mi pequeña amiga, por meterse en ese berenjenal de estructuras, planos, hierros, vías, generadores y planes de obra, que son cosas para personas mayores y no para que los niños jueguen a construir. Hubo un ministro socialista, antecesor...
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