NAVIDAD O LA INEVITABLE TENTACION DE COMPRAR
Hace pocos días que terminó el periodo anual que llamamos Navidad, aunque dentro de pocos años es posible que algún centro comercial, cuyo nombre todos sabemos, cambie su nombre por otro más directo y sin rodeos: “Cortilavidad”, por ejemplo. Una marca de cola ya consiguió cambiar el color del traje de Santa Klaus del verde al rojo por intereses comerciales. Pasadas estas fiestas, como digo, adquirimos la frialdad suficiente que nos da la distancia, sin estar imbuidos en plena vorágine navideña, para analizar ciertos aspectos que nos hagan reflexionar sobre estas fechas. En estos días se cambia la manera de actuar que tenemos el resto del año y se modifica lo cotidiano poniéndonos una hipócrita máscara de bienhechores y desprendiéndonos del dinero que no tenemos despilfarrando en banalidades, no sólo en cursiladas. Está claro que la Navidad se ha convertido en una carrera por comprar. A finales de octubre muchas ciudades, comercios y demás empiezan a engalanarse a dos meses vista de las señaladas fiestas. Los centros comerciales y tiendas colocan alfombras rojas en las puertas porque parece ser que incitan a entrar en sus establecimientos; llenan todo de ornamentos de lo más hortera con colorines y figuritas para atraer la atención del público; ofrecen facilidades de pago en mejores condiciones, si cabe, que el resto del año; dan posibilidades de reserva de regalos y juguetes por si se...
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