Corazones de bolsillo

Corazones de bolsillo

 

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«Un sueño que sueñas es sólo un sueño. Un sueño que sueñas con alguien es una realidad» (J. Lennon)

Los niños llevan siempre el corazón entre las manos, como una ofrenda de luz y esperanza.

-“Seño, una historia bonita, porque siempre que nos cuentas historias bonitas, las sueño por las noches”, me pidió Alex llegada la hora del cuento.

No podía negarme a tan hermoso deseo, así que les dije que la historia que iba a contarles les ayudaría a fabricar sus propios sueños.

-¿Qué es un sueño?, les pregunté.

Eric, respondió enseguida: Algo que puede hacerse realidad.

Los niños son los sabios más humildes que conozco, ellos saben que los sueños nada tienen que ver con las quimeras, porque lo que soñamos con fuerza siempre es verdadero.

Seño, yo siempre sueño cosas malas. ¿Ésas también se cumplen?

Les digo que las cosas malas no llegan porque las soñemos, vienen sin más.

Si sueñas con algo que no te gusta, María, ten por seguro que jamás se hará realidad, porque cada noche el Atrapasueños se come todas tus pesadillas.

Y María , que es más lista que el hambre y tiene alma de filósofa, me estampa en toda la frente:

Vale, seño, pero es que las cosas buenas que sueño tampoco se me cumplen. Sueño y sueño con ir a Italia y aún no he ido, porque ese deseo cuesta dinero.

He de confesar que necesité tragar saliva y masticar una lindeza sobre el maldito dinero que a otros les sale por las orejas, pero, claro, esto no se lo dije a María. Lo que hice fue poner también mi corazón entre las manos, para explicarle que los sueños hermosos tardan más en cumplirse, pero que si se sueñan sin descanso llegaría un día en que iría a conocer Italia.

No sé si María me creyó, porque entornó los ojitos como cuando no anda muy convencida de algo, pero Alberto, que es otro filósofo con los pies en la tierra y que reivindica para la escuela la música de Miguel Ríos, vino en mi ayuda:

-Eso, tú sigue soñando. Mira, una noche me dejaron ver el partido y Diego Costa soñó y soñó, porque seguro que estaba soñando, y al final metió un gol por toda la escuadra, pero por toda la escuadra, eh…Si no lo hubiera soñado, no hubiera conseguido gol.

María esbozó una sonrisa y yo diría que terminó por confiar en el cumplimiento futuro de  sus sueños.

Esa tarde les conté una linda historia sobre un mundo mejor que sin duda les está esperando.

Confieso que me costó hablar de sueños cuando fuera de la clase termina por  habitarme  el desencanto. Tengo la sensación, y esto tampoco se lo conté a mis niños, de que en estos tiempos de mentiras electorales, la mayoría de los políticos, a los que mis niños, por cierto, ganan en fiolosofía y proyectos de futuro, llevan guardado el corazón en el bolsillo.

Desde estas líneas les advierto que el bolsillo no es lugar recomendable para órgano tan importante para la vida y para los sueños. Los bolsillos suelen ser lugares llenos de fusca  y no es bueno que los tejidos del corazón se llenen de inmundicias porque se obstruyen y se vuelven insensibles.

Me cuesta hablar de sueños y esperanzas cuando por todos lados me atenazan el asco y la pesadilla de oír a políticos de ancha sonrisa y discurso rancio con el corazón duro como corcha. Pero a pesar de todo, hablo de ilusiones porque necesito creer que esos niños a los que cuento cuentos y alimento sueños, van a ser capaces de disfrutar de un mundo a su medida. Así me lo hace saber Nerea que está convencida de que en ese futuro se cumplirá el sueño de hacer felices a los que menos tienen y todos creeremos en sirenas y tritones como la cosa más normal del mundo.

Es muy grande la pena que me asola al descubrirme sin el entusiasmo que otras veces me bullía por dentro cada vez que como ciudadana se me llamaba a las urnas. Hoy, salvo en la alfombra de los cuentos, no encuentro ese entusiasmo por ningún lado y no sé si jugar a los naipes con tanta propaganda electoral para ver si puedo decidir quién es el rey de la baraja…que todos los discursos me suenan iguales y que el mensaje “escondido”, viene a ser aquello que dijo Góngora en uno de sus ataques culteranos  “Ande yo caliente y ríase la gente”…lo malo es que la gente cada vez se ríe menos.

Es posible que cualquier noche de esta semana reflexiva, el Atrapasueños se eche a la bocaza todas las ganas de meter en el sobre mensajes subversivos, o las reflexiones sobre qué cosa es votar para que  ustedes, “clase política”, vivan como dioses y sobre a quién votar, que ésta es otra reflexión muy gorda, que crea en mis sueños y en los sueños de quienes me rodean.

De momento, mientras me voy aclarando, a aquellos que aún llevan el corazón en el bolsillo, les dejo el final del cuento de aquella tarde por si tienen a bien leerlo despacito en su jornada de reflexión:

Y como nunca dejaron de soñar, y nunca dejaron de volar y volar, ni de viajar y viajar, ni de reir y reir, entre todos construyeron un mundo de mil colores”.

Mª José Vergel Vega

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