La Camisada

La Camisada

DesdeElTorreoncilloJenaroRamosCedo con mucho gusto esta sección que habitualmente ocupo a un buen amigo, a Hipócrates, seudónimo que fue de D. Jenaro Ramos Hernández, insigne torrejoncillano con el que he compartido algunas horas. Que sea él quien nos dé su Crónica de la Encamisá, aunque sea de la del año de 1904, que, por cierto, es por ahora el primer documento escrito que se conserva de nuestra fiesta reina. Fue publicada en el diario “El Noticiero” el martes, 13 de diciembre de ese año. Algo habrá cambiado de ayer a hoy, digo yo. La reproduzco textualmente. Faltan dos líneas que no captó la fotocopiadora (Antonio Alviz).

ElNoticiero

LA “CAMISADA”, EN TORREJONCILLO

El viajero que á las diez de la noche del 7 de Diciembre atravesara los alrededores de Torrejoncillo sin penetrar en su recinto y por casualidad dirigiese una mirada al pueblo desde lo alto de la barrera del Campillo, recibiría extraordinaria sorpresa al contemplar un espectáculo, nuevo para él y desconocido por completo en los demás pueblos de España.

Este espectáculo que en algunos momentos llega á ser conmovedor en alto grado es el que se conoce en Torrejoncillo con el nombre de “la camisada” ó como aquí dicen todos, la encamisada, función cívico-religiosa, de originalidad singularísima, que se celebra todos los años la noche del 7 de Diciembre en honor de la Inmaculada Concepción.

Difícil es dar una idea cabal de esta fiesta. Si todos los años es un espectáculo extraordinariamente sugestivo, este, en que se celebra en toda la Cristiandad el quinquágesimo aniversario de la definición dogmática, ha resultado verdaderamente excepcional.

Esta fiesta no decae, como vulgarmente se dice. El mismo entusiasmo, el mismo patriótico fervor hay esa noche en Torrejoncillo, que hubo en mi niñez… y ya ha llovido desde entonces acá. No hay pañero que no regrese á su casa en vísperas de la “camisada” para asistir á ella.

Un repique general de campanas anuncia a los vecinos la alborada del día 7 de Diciembre. Desde muy temprano se observa el incesante ir y venir de obreros de las dos fábricas de fluído eléctrico instalando rótulos y emblemas de luz alusivos á la fiesta en las fachadas de la Iglesia, del Ayuntamiento, del Círculo católico de obreros, del Círculo “El Fomento Torrejoncillano” y de muchísimas casas particulares.

Apenas amanece, surca el aire gran profusión de cohetes; y de muchas casas salen cánticos de alabanza a la Inmaculada; por cierto que aunque siempre es la misma letra y la misma música, no se qué tienen de atrayente y sugestivo, que enfervoriza los ánimos de los torrejoncillanos de tal modo que basta que en un grupo se empiece á cantar:

Gloria del cielo,
aurora bella,
luciente estrella
fúlgido sol

Para que conteste otro terminando la estrofa:

Después se generaliza el canto por calles, casas y plazas, por hombres, mujeres y niños, como si todos hubieran sido solicitados á la vez por oculto resorte.

Pero el momento verdaderamente sensacional es la salida y la entrada de la procesión cívico-religiosa ó sea, la “camisada” que desde que sale á las ocho de la noche de la Plaza hasta que vuelve al mismo punto de partida transcurren a veces tres horas, pues recorre muy despacio la mayor parte del pueblo. La “camisada” tiene indiscutible sabor á la época de la Reconquista. Veamos:

Un hombre á caballo cubierto todo su cuerpo con una blanca sábana se acerca á la puerta de la Iglesia y recibe de manos de la Presidenta de las hijas de María el estandarte de la virgen. A su lado se colocan otros dos también a caballo y perfectamente ensabanados, llevando cada uno un gran farol en la punta de una larga pica y asi bajan a la plaza. Colócase detrás de estos tres la guardia civil con bayoneta calada al brazo; de trás de la guardia, la fuerza de seguridad y por último, doscientos, trescientos hombres á caballo, la mayor parte de ellos cubriendo su cuerpo con sábanas, en forma de alquicel moruno. Esta es la “camisada” de Torrejoncillo.

Parece inútil decir que precede y sigue á la “camisada” todo el pueblo, puesto que las calles que recorre mas parecen macizos de carne humana, que vias de tránsito, escuchándose incesantemente el tableteo producido por los disparos de armas de fuego y cohetes, contestados siempre por millares de voces que con gritos ensordecedores dicen: ¡Viva la patrona de España! ¡Viva la Purísima Concepción! Además de que la luz eléctrica ilumina las calles un inmenso número de hachas de viento va alumbrando el paso de la procesión, resultando de todo esto un cuadro de todas veras fantástico, sobre todo visto desde una altura en que parece una inmensa mole blanca, movible por el incesante piafar de los caballos y su continuo caracoleo.

El entusiasmo llega á su colmo cuando la extraña procesión llega a la plaza de retorno y dá una vuelta á la misma en correcta formación, entregando el estandarte á la misma persona que lo sacó de la Iglesia. Estallan entonces á la vez que millares de cohetes y de ruedas de colores en pasmosa profusión atronadores vivas á la Inmaculada, de modo que entre el ruido de los vitores y el flamear de la atmósfera más parece un campo de batalla que una procesión, sin que deje de oir el consabido:

Eres portera,
eres María,
eres la rosa
de Alejandría.

(Aquí faltan 2 líneas)

… tas las bombillas con admirable arte, resultando un ¡¡Viva María inmaculada!! digno de encomio. En la fachada ¡¡Viva la patrona de España!! En la del Ayuntamiento ¡¡Eres inmaculada y siempre virgen María y sin pecado concebida!!

Respecto a iluminaciones y colgaduras merecen especial mención las de los balcones del Presbítero D. Eugenio Díaz Moreno, en que se destacaban los colores blanco y azul en rica seda con el pabellón de preciosos entredoses, de los que pendían magníficos caireles oro con botones del mismo color, llevando en el fondo ligadas una M y una A de vivísimos colores azul y blanco. También llamó mucho la atención las colgaduras y emblema de la casa de D. Francisco Herrera.

En la fiesta de la Iglesia el esplendor ha llegado al colmo. El digno párroco y las simpáticas hijas de María han echado el resto, como suele decirse. Todo el terno ha sido primorosamente bordado por las distinguidas señoras de don Ramiro Themudo, D. Ezequiel Lázaro y otras, que han compartido tan delicada y finísima labor con la notable y distinguida modista Srta. Antonia Llanos.

Por último, el día 8, al terminar todas las fiestas, D. Lorenzo Díaz, ilustrado y celoso párroco, despidió al pueblo con un brillantísimo discurso en que dio gracias al clero, á las autoridades civiles y militares y á todos los fieles por su fervorosa cooperación, terminando con un entusiasta ¡¡Viva la patrona de España!! Que fue contestado y repetido frenéticamente por la muchedumbre, que ocupaba el atrio y el templo, todo azul, color inmortalizado por Ribera, Murillo y Juan de Juanes.

La función de la “camisada” en Torrejoncillo, si á ella no se asiste no se comprende bien. Hay que verla.

HIPÓCRATES
Torrejoncillo 8 Diciembre 1904

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