Torrejoncillanos por el Mundo, destino la Vuelta al Mundo

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”

¿Cómo nace en el individuo el deseo de descubrir el mundo que se extiende más allá de lo que alcanza su vista? Lo cierto es que el ser humano es precavido ante lo desconocido, frente a la inseguridad de la incertidumbre…pero una vez que se embarca en un viaje el gozo que produce el reto de defenderse en un lugar que desconoce puede ser ciertamente embriagador. O al menos este es mi caso.

Mi nombre es Judith –el Registro Civil dice que sin “h”- y a los 17 años emprendí el Gran Viaje de mi vida. Nacida en Cáceres y criada entre Valdencín y Torrejoncillo, pasé de haber escasamente salido de ese entorno a cruzar las fronteras hasta el Reino Unido.

Durante dos años de mi vida conviví en un ambiente en el que había unas 80 nacionalidades diferentes. Con mi familia a cientos de kilómetros de distancia y casi sin entender el inglés me vi expuesta a compartir y entender, a pequeña escala, la diversidad cultural de este mundo en el que nos encontramos. Pero también las abismales diferencias sociales: compartí colegio con la hija de la Reina Noor de Jordania -que regresaba de sus vacaciones en jet privado- y también con refugiados de Sudán -que todos los días se culpaban por tener el privilegio de tener techo, comida y acceso a estudios.

Una experiencia así cambia la vida a cualquiera, y yo no he sido una excepción. Para colmo de mis abuelos, pasé de aspirar a ser una Doctora House a querer convertirme en una periodista por vocación.

El curso de mis estudios me llevó hasta el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, que confesó pocos años antes de morir al diario El País: «Mi vida ha sido un cruzar constante de fronteras, tanto físicas como metafísicas. Ése es para mí el verdadero sentido de la vida”. Y esa es la meta a la que aspiro.

Sociedades que conozco, sigo y voy conociendo: belgas, alemanes y peruanos.

Países que he visitado y en los que he vivido más o menos tiempo. 

  • Reino Unido: cerca de dos años en Atlantic College cerca de Llantwit Major en Gales y, posteriormente, tres semanas en Edimburgo, Escocia. Visitas a Londres, Liverpool y Glasgow
  • Bélgica: residente durante 6 meses en Amberes. Visitas a Bruselas, Brujas, Gante, Hasselt y Lieja.
  • Holanda: visitas a Amsterdam, La Haya y Maastricht
  • Francia: un mes en Montpellier. Visitas a Perpiñán, Aviñón, Nîmmes y Estrasburgo.
  • Portugal: Lisboa, Coimbra, Bragança y Marvao
  • Alemania: Munich, Bonn, Colonia, Karlsruhe, Heidelberg y Friburgo.
  • Estados Unidos: una semana entre Nueva York y Smith’s College.
  • Perú: cerca de 20 días por Lima, Arequipa, Puno y el Valle Sagrado de los Incas.

Y a la pregunta ¿qué hace uno en un fin de semana en un país que no es el suyo?… en mi caso, la mayor parte de las veces he hecho lo que hubiera hecho en mi país: ¡salir de fiesta! Por supuesto también se aprovecha para visitar otras ciudades dentro del propio país, ir a restaurantes de cocina local o participar en eventos típicos de la zona. Por ejemplo, son preciosos los Mercados de Navidad en Bélgica y Alemania.

A modo de anécdota, una de las que más curiosas me han parecido es la del “mundo paralelo de los belgas”. Ellos piensan que la gente los conoce por los bombones de chocolate, las patatas fritas y la cerveza. Al decirme ellos que tienen el estereotipo de que los españoles olemos a ajo – lo fundamentan basándose en el hecho de que cocinamos con ajo- no tuve más remedio que sacarlos de su sueño y decirles a unos compañeros de clase: “la verdad es que de los belgas no tenemos ningún estereotipo en España, no pensamos mucho en ellos”.

Y ¿qué es lo que más anhela una persona cuando está en el extranjero? Opino, por mi experiencia personal, que lo que más se echa de menos son las personas, mejor dicho: la familia. Yo confieso que nunca he sido muy familiar pero reconozco que realmente lo único irremplazable son los tuyos. Los ambientes puedes encontrarlos en cualquier parte y poco a poco adaptarte a ellos; incluso el estar fuera hace necesario la búsqueda de nuevas amistades, lo cual no quiere decir que se olvide uno de otras personas que han estado ahí. Se trata de adaptarse e integrarse, o sucumbir en un entorno que no es el tuyo. Lo importante es estar abierto a las novedades y las diferencias en lugar de cerrarse en lo suyo. Un dato: aunque quieras comer tortilla de patatas nunca tendrá el sabor de la que comes en tu casa. ¿esto lo hace malo o peor? No, simplemente es diferente

A modo de resumen y agradecimiento, como comunicadora considero fundamental esta labor que se está haciendo desde Torrejoncillotodonoticias y Radio Alfares para mantener informados a aquellos torrejoncillanos que se encuentran en el exterior y, también, para los que estamos fuera del pueblo, en otras partes de España.

Y para los que tengan la oportunidad de ver el montaje que he cedido a “Torrejoncillanos por el mundo”, espero que lo disfruten y se animen a ir a algunos de los lugares que aparecen en el vídeo.

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