Esther de la Peña Angulo

 

Hace algunas semanas en Radio Alfares, nuestra compañera Maria José Vergel nos hablaba de esta señora, maestra de profesión. Aunque cabe la posibilidad de que no fuera torrejoncillana, desarrolló un importante trabajo en nuestra localidad, por lo que bien merece la consideración de personaje para esta sección. Y tanto es así que nuestro archivo municipal contiene información que ni la propia Wikipedia refleja en una consulta relacionada con un hecho muy singular que indica que esta vecina fue la primera mujer concejal de España. De momento, impacta e impresiona que fuera nuestro pueblo el primero de España donde una mujer se convertía en concejala.

Entre 1900 y 1930, época en la que ejerció su labor docente Dª Esther de la Peña, había en Torrejoncillo cuatro escuelas: dos de niños y dos de niñas, elementales y graduadas.

En la Escuela Elemental los niños aprendían los llamados rudimentos: leer, un poquito escribir y algo de números y de Historia Sagrada.

En la Graduada se aprendía el grueso de asignaturas: Escritura, Doctrina Cristiana, Aritmética, Historia y Geografía de España, Física, Nociones de Derecho, Gramática Castellana, Geometría y Dibujo.

Entre los muchos problemas que existían en la escuela de esta época, estaba el espacio reducido de los locales que hacían las veces de aulas, y esto decía una circular de la Inspección:

“…para dar cómoda cabida a los niños que comprende el censo escolar, siendo muchos los niños que no reciben instrucción alguna por falta de local, así como también se hace constar el peligro en que se ve amenazada la salud tanto de profesores y niños, cuánto el desarrollo físico de éstos, que ante el número tan excesivo de asistencia diaria se encuentran apiñados, aspirando continuamente atmósfera muy viciada y cuyas malas condiciones de expresados locales la han motivado a excitar el celo del Ayuntamiento a fin de que pueda ocuparse de la construcción de edificios-escuelas que reúnan las condiciones de reglamento y de pedagogía moderna”

El concejal Don Carlos Gil Serradilla dijo lo siguiente apropósito de la circular:

“…Uno de los principales y más sagrados deberes encomendados a las corporaciones municipales es, sin duda alguna, cuanto se relaciona con la instrucción primaria, base en que se funda y apoya la sociedad de pueblos cultos en las generaciones futuras.

Las escuelas son los talleres en que se imprime la inteligencia del niño, y se moldea su corazón.

En las escuelas es donde se dibujan las primeras líneas de honradez en el niño y en las que prácticamente se le imprime su inclinación al bien obrar y su versión al mal. En ellas tiene origen el conocimiento de la misión del hombre en esta vida, o sea, la de servir a Dios y a la Patria. En las Escuelas aprende el niño a guardar respeto a sus padres, a sus superiores y a sus semejantes. En una palabra, en las escuelas se asientan los cimientos de cultura, progreso y civilización de los pueblos”.

Con una buena educación, disminuye considerablemente el número de delitos, por lo que los Ayuntamientos se tomaban bastante en serio la cuestión educativa.

Decía el concejal “construyamos escuelas, señores, que lo que gastemos en ellas nos lo ahorraremos en cárceles”.

Y urgía construir escuelas, porque en Torrejoncillo había 150 niños para dos escuelas, una ratio de 75 niños.

Por eso, en Sesión de 27 de Noviembre de 1917 se solicita a la Inspección la construcción de dos escuelas más debido al gran número de niños que acuden a ellas.

Otro de los graves problemas de la enseñanza era el absentismo, circunstancia que hasta la época del Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera (aunque la enseñanza en teoría, era obligatoria y gratuita), no preocupaba en demasía. Cuando había tareas en casa, los niños eran eximidos por sus padres de asistir al colegio.

El Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera, que para situarnos diremos que duró de 1923-1925, guardó especial celo en que la asistencia a la escuela fuera un deber ineludible para los niños de 6 a 14 años, y si los niños no asistían, se les pedían explicaciones a los padres.

Y es en esta época de Directorio militar, cuando encontramos en Torrejoncillo a una maestra muy especial: Dª Esther de la Peña Angulo, que daba clases en una de las escuelas de niñas de Torrejoncillo de la que había sido maestra antes Dª Josefa Solís. Por aquel entonces niños y niñas aprendían en aulas separadas: los niños con sus maestros y las niñas con sus maestras, y por supuesto, no era medido su trabajo por el mismo rasero (ya conocemos el contrato de trabajo de una maestra en aquella época, presentado por nuestro compañero Pedro Luis). Mientras que el maestro no tenía que adecentar la clase, la maestra se veía obligada a tenerla como los chorros del oro.

El Directorio Militar dio una cierta importancia a la participación de la mujer en la vida pública, no vamos a entrar ahora en si le interesaba o no, lo cierto es que el 8 de Marzo de 1924 le fue concedido el derecho a votar a las mujeres solteras emancipadas y a las viudas, las casadas y solteras no emancipadas estaban sujetas a los designios de los hombres.

Buscando datos, nos enteramos que según las enciclopedias y la Wikipedia (que parece saberlo todo), las primeras concejalas de España fueron dos maestras de San Sebastián, Josefina Olóriz y Carmen Resines, nombradas concejalas el 30 de junio de 1925.

Curiosísimo, dos maestras concejalas en San Sebastián, y maestra también Dª Esther. Pues bien, indagando en el Archivo de nuestro pueblo, encontramos que a nuestro personaje, Esther de la Peña, le cabe la dicha de ser la primera concejala del Ayuntamiento de Torrejoncillo, y a la vez la primera de la provincia de Cáceres. Pero eso no es todo, porque teniendo a la vista la fecha en la que juró su cargo, se aprecia que fue el día 1 de mayo de 1925, siendo Alcalde D. Sebastián Llanos. Puesto que las concejalas de San Sebastián anteriormente citadas, fueron nombradas el 30 de junio del mismo año, la simbólica fecha del 1 de mayo era dos meses más antigua, lo que convierte a Esther de la Peña en la primera concejala de España. Y este hecho supone una deuda de la historia de España con nuestro personaje, que le debe el reconocimiento público, el privilegio y el honor, a título póstumo, de haber sido la primera mujer concejal de nuestro país, que no se refleja en documentos históricos pero que no le resta un mérito irrebatible, y desde estas líneas un merecido homenaje.

Decían de ella que era una mujer de alta condición moral e intelectual. El Alcalde estaba muy orgulloso de contar con ella en el Ayuntamiento.

No se arredraba nunca, siempre decía lo que pensaba, teniendo en cuenta que en la sociedad de la época, el resto de la corporación eran hombres. Participaba activamente en los plenos, llamaba a las cosas por su nombre, y pese a ser concejala en un periodo dictatorial no era mujer de ideas anquilosadas, rancias ni herméticas. A tenor de la información de la que disponemos tenía un talante abierto y liberal.

Se oponía de forma clara y contundente a que se financiara la escuela de párvulos de Dª Felisa Batuecas, que era de carácter privado. Pensaba Dª Esther, con bastante buen criterio, que ese dinero que se venía destinando para subvencionar esta escuela podía invertirse en crear una escuela pública de párvulos, para todos los niños del pueblo, sin necesidad de pagar para ser educados, pues la mayoría de los padres no podían pagarla.

Es la primera que propuso la creación de una cantina escolar para que los niños se quedaran a comer en la escuela, así los padres estarían más tranquilos en sus trabajos, y los niños no estarían abandonados en las calles. Y, por supuesto, los padres perderían ciertas reticencias a mandarlos a la escuela.

El 8 de Octubre de 1924 presenta su dimisión como concejala ante el Alcalde y la Corporación por considerar que sus obligaciones como concejala le robaban tiempo a su dedicación como maestra. Pero no fue aceptada su renuncia, y la convencieron para que continuara.

Aprovechaba sus sesiones en el ayuntamiento para solicitar todo aquello que ella creía que hacía falta en la educación en Torrejoncillo. Repetía una y otra vez que hacían falta más aulas de Instrucción Primaria tanto para niños como para niñas, y por supuesto, la cantina era algo urgente.

Pese a todo, los padres eran muy reticentes a mandar a los niños a la escuela, sobre todo si había trabajo. Por eso, Esther en una de las sesiones le pidió al Sr Alcalde que se lo tomara en serio y que obligara a los padres a llevar a la escuela a sus hijos: “…pues resulta bochornoso que en un pueblo de tan crecido vecindario asistan diariamente a las cuatro escuelas oficiales que en el mismo existen, un promedio diario cuyo número computando el de ambos sexos no llega a 150, a pesar que la matrícula de las cuatro escuelas se eleva al número de 280 niños, y considerando la que habla una gran responsabilidad moral para las autoridades, lo que está ocurriendo, pide que se corrija este abandono”.

En 1926 consiguió que se inaugurara la Cantina Escolar, que luego siguió existiendo a lo largo de la República.

Le cupo el honor de ser una de las primeras conferenciantes de un ciclo de charlas que, por orden del Ministerio, debían hacerse los domingos en los Ayuntamientos de menos de 6000 habitantes.

Fue concejala hasta el 25 de febrero de 1930.

Hemos tenido acceso a una de las memorias de fin de curso, en la que piensa que el fin de la educación es el de perfeccionar a la sociedad en el hombre y al hombre en el niño.

Alude en ella, a que cuanto más reducido sea el número de niñas más calidad tendrá la educación que reciban. No es lo mismo tener 11 niñas en clase, que tener 50.

Es indispensable, para que la maestra pueda cumplir con su labor que las niñas asistan a clase regularmente, la educación de la mujer es imprescindible.

No creía en los procedimientos coercitivos y sí en la cooperación y en hacer atractivo el aprendizaje de las distintas materias. Decía que nada hay en la inteligencia que no haya pasado antes por los sentidos, siguiendo el pensamiento de Aristóteles. Utilizaba pues, un procedimiento intuitivo, educando los sentidos se educan por fuerza la inteligencia.

Para que sus niñas pudieran aprender todas a la vez, hizo que le pintaran en la clase un zócalo negro todo alrededor, así podrían practicar la escritura.

Sigue los preceptos de Fröebel y Montessori. Ambos piensan que el aprendizaje ha de basarse en el juego, pero jugar para algo.

Creía en la cooperación entre la escuela y las instituciones, entre todos debían erradicar el analfabetismo.

El Directorio Militar dio importancia al oficio de maestro, y también al oficio de maestra. Ella aprovechó su tribuna política para hacer ver que es la Cultura y no otra cosa, el único medio, seguro e infalible de engrandecimiento, progreso y bienestar de las naciones.

MALM

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1 Comment

  1. Mpaz

    Me parece muy interesante e increible lo que comentais en este relato. Enhorabuena al trabajo de investigación de Mª José y a Gali por acercarnos estas historias.
     

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