Las dos caras de la misma moneda

Que “… todo es según el color del cristal con que se mira” ya lo dijo Ramón de Campoamor en uno de sus más famosos poemas.

Seguro, seguro, que cada uno de los candidatos a presidente en estas elecciones generales ha mirado el panorama electoral bajo diferente prisma. Y para unos pintaría verde, para otros negro y, para muchos otros, sería incoloro.

Toda la campaña, la jornada de reflexión y el día de las elecciones, habrán sido totalmente diferentes para Rajoy y Rubalcaba. Me recuerda El diario de Adán y Eva, de Mark Twain: es el mismo hecho, mirado desde visiones antagonistas. Cada uno lo cuenta según su particular punto de vista, que es totalmente diferente a cómo lo percibe el otro.

En cada agrupación se habrán volcado para diseñar una campaña atractiva, motivadora para el votante, los cabezas de listas han echado los restos consiguiendo casi el don de la ubicuidad, tratando de ser amables, cercanos y cariñosos con todo el que se le acercara a achucharle, porque veían en él, o en ella, un futuro voto.

Rajoy se veía vencedor, (avalado por las encuestas) pero lo disimulaba, no quería parecer triunfalista, que hasta el rabo todo es toro. Rubalcaba esperaba el voto masivo de la izquierda, el de los indecisos, pero no pudo ser.

Las horas del escrutinio se les habrán hecho eternas. Esas horas después de las ocho de la tarde, cuando comenzó el recuento, los corazones les habrán latido desacompasadamente a un ritmo frenético, y sus estómagos habrán engullido litros de tila o lexatines, para sobrellevar el tiempo de escrutinio.

Luego, pasadas las doce de la noche, el panorama se aclara, el mapa de España se tiñe de azul, las cábalas están muy ajustadas.

La noche del 20-N, Rajoy tendrá dulces sueños, pero quizá no sea consciente de lo que se le viene encima, porque los españoles le exigirán que trabaje por el cambio y los saque de esta crisis de una maldita vez. Lo malo es que él no tiene un conejo en la chistera. Pintan bastos.

 

ROSA LÓPEZ CASERO

About The Author