PONGA UN CURA EN SU MESA

Hace unos días conocimos la noticia de la renovación, por parte del gobierno de la Comunidad de Madrid, de los acuerdos con la Iglesia para que un párroco forme parte de los comités de ética en los hospitales públicos de esa comunidad. Parece ser que esto es una práctica que adoptan, con alguna variante, varias comunidades autónomas de distinto color político. Estos comités de ética resuelven asuntos tales como la aplicación de los cuidados paliativos a enfermos terminales o aspectos relacionados con el aborto, entre otros.

Parece evidente la inclinación de estas decisiones si entre los miembros de dichos comités se encuentra un cura, pues de todos es sabida la postura de la Iglesia en determinados temas, en coherencia con sus doctrinas, claro. Su influencia, de esta forma, lejos de mitigarse -como algunos quieren hacernos creer desde la transición a la democracia-, lo que hace es prolongarse e inmiscuirse en asuntos en los que no debiera, recordándonos otros tiempos, a no ser que la persona lo pidiera expresamente.

Siendo claros: si alguien tiene una enfermedad terminal, se está retorciendo de dolor en la cama de un hospital público y sus familiares piden la aplicación de morfina (algún médico me corregirá), me gustaría saber por qué un cura puede decir aquello de “el dolor dignifica”, sin que nadie pueda apostillarle a continuación “cuando lo sufre otro”.

La espiritualidad, la fe en fuerzas superiores, el mantenimiento de tradiciones por encima de los avances médicos, las creencias religiosas en definitiva, deben quedar dentro del ámbito de lo íntimo, de lo privado, de lo que cada uno quiera aplicar en su vida, pero nunca trascender a lo público porque el servicio al ciudadano debe estar por delante de cualquier tipo de misticismo. Entre otras cosas porque es para todos y el catolicismo, como es el caso que nos ocupa, no es el paraguas bajo el que se cobija toda la población… ¿qué hacemos con los demás?

Esta incursión en los asuntos cotidianos por parte de la Iglesia, que ya debiéramos haber dejado atrás y superado sin complejos, la podemos encontrar todavía en la educación. La jerarquía eclesiástica habla de adoctrinamiento socialista cuando se menciona la asignatura de “Educación para la ciudadanía”, pero no dice claramente que ha pretendido adoctrinar a fieles e infieles en los años en que la asignatura de Religión ha sido obligatoria y quiere que lo siga siendo: la religión para las catequesis. No se puede mezclar formación y catequización y quien lo quiera hacer que lo haga fuera de las escuelas públicas, para eso están los colegios religiosos.

Podríamos llegar al absurdo, “Dios no lo quiera”, que nos mostraba ayer Forges en su viñeta de El País.


Estas líneas no son una crítica a la curia, sino a las instituciones. Todas las agrupaciones del tipo que sean están en su derecho de conseguir para sus adeptos los mejores logros y las mayores cuotas de poder para su desarrollo y su beneficio, pero no deben contar con el beneplácito de los gobernantes si ellos son los únicos favorecidos, a pesar de que sean mayoría. Los dirigentes de un país, región, pueblo, etc., los son de todos y para todos, con el objetivo de lograr para éstos el máximo de derechos y libertades, pero nunca con la supervisión de alguien que apela a fuerzas sobrenaturales.

Roberto C. García Donoso

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4 Comments

  1. jonasfleon

    Voy a discrepar (¿cómo no?) un poco de Roberto, que hace mucho tiempo que no discrepo de lo que él escribe y lo tengo un poco dejado de la mano de Dios, nunca mejor dicho.
       A ver, un cura es una persona que defiende una determinada ética, la cual no voy a valorar, pero que es seguida por una gran cantidad de personas en nuestra sociedad y que por lo tanto tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta. ¡ Ojo! Que tenga derecho  ser tenida en cuenta no quiere decir a imponerse. Los curas, según dice Roberto, que yo de esto no tengo ni idea, los curas forman parte de los comités pero esto no quiere decir que sean los que impongan su ética particular.
       Eso por una parte. Por otra, si alguien me demuestra fehacientemente que uno de estos curas ha dicho eso de que «el dolor dignifica» y se ha opuesto a la utilización de medicamentos para aliviar el dolor soy el primero que creo que ese cura no está en sus cabales. Mientras no me lo demuestren seguiré pensando que es un arrebato poétic, o sea, que yo, como santo Tomás, pero en agnóstico. Pero, dejando aparte esto, y según dice el propio Roberto, al final son el propio interesado o los familiares los que toman la decisión de utilizar o no la morfina. O sea, que los responsables últimos son ellos y no el cura. Si a mi alguien me pide que me tire a un pozo y lo hago, no creo que nadie considere responsable al que me lo pidió, sino a mí, que he seguido libremente su consejo.
      Más. Eliminemos a los curas de los comités de ética y dejemos por tanto sin representación la ética que defienden una gran cantidad de españoles; una cantidad mayor, por ejemplo, que los afiliados al PSOE, al PP y a los demás partidos juntos. De acuerdo. Y los demás representantes ¿en concepto de qué forman parte de esos comités? ¿a quién representan?. ¿Tiene más derecho a formar parte de ese comité, por ejemplo, un militante en una de esas agrupaciones abortistas que un cura? ¿Por qué? ¿A quién representa y por qué sus representados tienen más derecho que los católicos?
       Un poquito más. ¿Dejamos que formen parte de ese comité exclusivamente médicos o científicos? Es una opción. Pero no olvidemos que el comité trata sobre Ética, y la mayúscula es intencionada, y la Ética ni es Medicina ni es una ciencia, sino una rama de la Filosofía, y la mayúscula vuelve a ser intencionada. No es una materia sobre la que se pueda alcanzar conclusión alguna válida mediante métodos científicos y, por tanto, no necesariamente tienen que ser los científicos los más apropiados para hablar sobre Ética. No creo que encontremos demasiados científicos dando clases de Ética en las universidades españolas.
       Otro poquito. Separación de Iglesia y Estado. Me parece estupendo y estoy completamente de acuerdo con ello, pero que la Iglesia no forme parte del Estado no quiere decir que haya que amordazarla. Yo discrepo en muchas ocasiones de lo que opinan los curas, pero, en democracia, todo el mundo tiene derecho a opinar. Pero aquí, lo que algunos pretenden es que la Iglesia opine lo que a ellos les apetezca, actitud que tiene muchos adjetivos, pero ninguno de ellos es democrática.
       Último, que ya he dado bastante cancha para que me den caña un ratito los tragacuras. Que la la Iglesia se financie con las aportaciones de los fieles y se eliminen las subvenciones. Me parece fetén. Pero entonces que también se financien por sus propios medios los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones ¿empresariales?, los jetas del cine y de la ¿cultura?, las Oenegés, las organizaciones de consumidores, etcétera, porque todos estos chupópteros también viven de mis impuestos y a mí no me han dado opción a decir que no quiero mantenerlos.
       Hale, que comience el pimpampum. Un afectuoso saludo, Roberto. Nos vemos el sábado.

  2. pepa

    Muy buen artículo, Roberto. Yo siempre he sido partidaria de no mezclar las churras con las merinas y de instaurar como valor máximo la DIGNIDAD del hombre por encima de todo credo o doctrina. La vida es maravillosa pero siempre y cuando nos permitan vivirla con dignidad, y no es el dolor, precisamente, lo que «dignifica» al hombre. Los que hemos tenido, por desgracia, experiencias de este tipo, sabemos de lo que hablamos.

  3. 14 de Abril

    Separación Iglesia-Estado ya¡¡¿Dónde está ese estado laico?…..Que no chupen de la teta del gobierno y se subvencionen a ellos mismos o que lo hagan sus fieles,pero no el Estado con nuestros impuestos.
    He dicho.

  4. Sacristán

    Amén.

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