CURSILADA
Dejo aparcado el género epistolar, que es medicina pintiparada para políticos cucañeros y para novias forasteras, y tomo el narrativo, más apropiado para épocas de solaz y esparcimiento como son las fiestas navideñas. Estoy seguro que muchos lectores están conmigo cuando afirmo que las navidades son un tostón insufrible. Es más, si me pongo a meditar, no conozco a nadie a quien le gusten las navidades, horribles fechas en las que impera la más tremebunda cursilería y el más acendrado papanatismo. Algunos aprovechamos estos soporíferos días de puente para hacer cosas que no solemos hacer el resto del año. Sin ir más lejos, a mí estos días me han dado ya para descubrir que hay compañeros del blog que no me soportan –sinceridad que alabo-, para cortarme las greñas “encá” Bemba, para sufrir la obligada peregrinación anual a las tiendas de ropa, e incluso (¡¡Horror!!) para leer algún suplemento dominical. Los suplementos dominicales, y perdonen la explicación, son ese voluminoso e inservible montón de papelajos con el que los amables señores de la prensa nos aturden a los que compramos algún diario en domingo; esa enorme masa que nos hace plantearnos el acudir al quiosco armados de una carretilla. Digo inservibles y quizá debería añadir el “casi”, porque de vez en cuando, como sin darse cuenta, contienen alguna joyita literaria de Pérez Reverte o de algún otro. Pero, en...
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