Piensa, luego… sigue pensando

Piensa, luego… sigue pensando

LaColumnaMarioMirabel1Nos pasa muy a menudo que nos encontramos tan absortos en nuestros pensamientos que perdemos la noción de lo que nos rodea. No escuchamos, no sentimos; al fin y al cabo es como si estuviéramos desenchufados de nosotros mismos, por ello los pensamientos no son la realidad, ya que cuando estamos en ellos, vivimos nuestra película, pero ahí fuera las cosas funcionan de otra manera. Descartes apuntaba “Pienso, luego existo” y yo apuntillo “cuanto más piensas, menos eres”. No crean que esto es un delirio, pero teniéndolo en cuenta:

¿Y si enseñamos esto a los chavales? Se planteó un buen día un señor de traje y corbata.

Podríamos enseñarles a estar solamente en sus pensamientos, jugar e influir en su nivel mental, y olvidar los otros niveles, sí, esos que no interesa enseñar. Sentirse bien con uno mismo, escuchar su cuerpo, conocerse, amarse, respetarse, gestionar las relaciones; en definitiva lo que les pueda inducir a abrir horizontes y crecer en su desarrollo personal.

– Eso lo ponemos que queda bien, pero hacerme caso a mí, mejor no enseñárselo, no interesa.

¿Y el tiempo libre? Después del cole seguirán viéndose obligados a trabajar a nivel mental, no debemos dejar tiempo para la compensación, mejor no dejar que experimenten cosas por sí mismos, que no se sumerjan en la vida, que no sueñen, que no conozcan…

¿En las aulas? Evidentemente prohibiremos hablar en clase, que no se muevan, será obligatorio permanecer sentados, sin comunicarse, recibiendo informaciones mentales durante todo el día, les llenaremos el cerebro con cosas que no puedan cuestionar y que su memoria almacene, aunque sea para coger polvo. – ¿No sería eso anular la naturaleza del niño? ¡Se revelarán! – No te preocupes le haremos creer a todo el mundo que es bueno para ellos, tendrán que doblegarse. Y voy un poquito más allá; vamos a jugar con su confianza y con la presión de cuestionar su conocimiento; ¿Qué cómo? Señalaremos de rojo sus respuestas; y bien en grande el más mínimo error – ¿de rojo?- Sí, es un color lo suficientemente agresivo como para alarmar. Así está bien.

-Los maestros no aceptarán jamás, ellos conocen mejor a los niños que nosotros- Tal vez, pero somos nosotros quienes planificamos todo esto, a cada cual su función. – ¿Y en qué te basas? – En Descartes – ¿Quién es y qué dice ese señor? – No lo tengo muy claro, pero me suena que dice algo así como: “Pienso, luego tú me obedeces”.

“Delirios de un opositor frustrado con la ley”

Mirabel Alviz

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