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Estrella Clemente daba el pistoletazo de salida a Valdencin 2014

Estrella Clemente daba el pistoletazo de salida a Valdencin 2014

Estrella 1Estrella Clemente Martín nace en Torrejoncillo el 3 de septiembre de 1953, siendo la menor de cinco hermanos. Perteneciente a una familia de artesanos, cursa los estudios primarios en las Escuelas Municipales de su localidad natal, y, siendo aún una adolescente, comienza a ayudar a sus padres en el taller familiar. A los diecisiete años se marcha a Mallorca para trabajar en la hostelería por espacio de tres años. De vuelta a su pueblo, y tras haberse casado con Miguel Rodrigo y haber vivido un tiempo en Torrejoncillo, se instala en Valdencín, donde les es concedida una parcela y una casa de colonos. Durante largos años ha alterado el trabajo en el campo con el cuidado de la casa y de sus cuatro hijos. Su actividad más reciente ha sido el trabajo, que ha desempeñado a lo largo de nueve años, en la fábrica de jamones de su hija.
Entre sus aficiones destacan la lectura, la natación, el teatro, el cante y el baile, y podemos decir que es una buena conocedora del folklore de su pueblo.”

Estas eran las palabras de presentación de la pregonera de Valdencin 2014.

Realmente no hace falta añadir mucho mas, a que este texto o dice todo, por lo que os ofrecemos su pregón integro, dedicado a todos aquellos paisanos que no pedisteis acudir por cualquier circunstancia.

Señor Alcalde, señores concejales, miembros de la comisión de festejos, vecinos, amigos, familiares, personas de la tercera edad a la que hoy se rinde homenaje, buenas noches.

Cuando el año pasado Gerardo dijo aquello de que “esto del pregón podía hacerlo cualquiera- incluso mi vecina Estrella-” pensé que era una broma, porque estas cosas suelen hacerlas personas con un nivel de estudios superior al mío. Pero cuando la comisión de festejos se presentó en mi casa, a fines del mes de mayo, para proponerme que fuese la pregonera de este año, pude comprobar, muy sorprendida, que al menos la comisión se había tomado ese comentario totalmente en serio. Debo confesaros que yo al principio tenía serias dudas de si aceptaría el ofrecimiento, primero porque no tengo experiencia en estas cosas, y segundo porque me parecía una responsabilidad muy grande. Pero ahora que estoy aquí, ante todos vosotros, rodeada de vecinos, familiares, amigos, de personas, en fin, que han estado presentes a lo largo de mi vida, me alegro mucho de haber aceptado, gracias a todos por haber venido a acompañarme. Agradezco también a la comisión de festejos que haya pensado en mí para hacer el pregón este año, me siento muy honrada. Sólo espero que os sea ameno y que lo sigáis con interés, porque no hay nada peor que aburrir al público. Y quiero pedir disculpas por anticipado por aquellos errores que pudiera cometer. He de deciros que el otro día, al ver la noticia de que la ganadora de Eurovisión iba a ser la pregonera de las fiestas del orgullo gay de Madrid, subí la voz de la tele para ver si podía aprender algo de ella y tomar nota. Pero de poco me sirvió, porque la pregonera en cuestión sólo hablaba en inglés- y a mí el inglés que aprendí de joven hace ya mucho que se me ha olvidado…

Mi pregón va a ser breve y me gustaría que fuese una invitación, alegre, a que todo el mundo se lo pase bien, que es lo que todos queremos. El tema que la comisión de festejos me propuso fue el de cómo vive una mujer de aquí las fiestas de su pueblo. Yo, por mi parte, y sin alejarme de este tema, he querido que este pregón sea también un humilde reconocimiento al papel que la mujer ha desempeñado en el medio rural. Para ello, voy a relataros con brevedad algunos capítulos de mi vida. Me gustaría que al trazar mi biografía muchas de las que hoy estáis aquí os sintierais identificadas con lo que cuento, porque de eso se trata, de que la comunicación sea de ida y vuelta, de haceros partícipes de algunas de mis vivencias para que con ello vosotras os sintáis también protagonistas de esta pregón. Mi vida es sólo una más de las muchas que podrían servir para ilustrar el tema del que vamos a hablar.

Tal y como ha dicho ya el concejal, mi formación académica se limita al Certificado de Estudios Primarios, lo que hoy vendría a ser el Graduado en ESO. Lo obtuve en Torrejoncillo, el pueblo donde nací, en una época, a principios de los años sesenta, en la que las aulas aún estaban separadas por sexos: las niñas en un lado y los niños en otros. Vista con la distancia que dan los años, creo que fue una infancia bastante feliz, y durante un tiempo ayudé a mis padres en el negocio familiar, la artesanía. Mi padre era tejedor de mantas, alforjas y colchas, y mi madre oribe- u orfebre como se dice ahora. De aquellos años que abarcan la niñez y la adolescencia, uno de los recuerdos que guardo con más afecto, es el de cuando en verano pasábamos tres o cuatro días en el río o en la Ceña del Duque. Para ir hasta allí, teníamos que arrendarle un burro a un vecino, pues por ser artesanos carecían mis padres de este medio de locomoción. En aquellos días lo pasábamos en grande, y no creo exagerar si digo que disfrutábamos tanto o más que los niños de hoy en día cuando van a la playa, los niños que se lo pueden permitir, claro está.

La juventud tampoco fue mala, claro que en esta época de la vida las preocupaciones nos parecen aún bastante lejanas. De ella destacaría mi estancia a Mallorca, a donde fui para trabajar en la hostelería junto a siete personas más de Torrejoncillo, cinco chicas y dos chicos. Además de ser la primera vez que salía de casa para trabajar, fue también la primera que mi hermana y yo nos pusimos pantalones. Hasta entonces, los varones de la casa no nos lo permitían porque, según ellos, esta prenda era sólo para los hombres. Pero claro, al tener que hacer un viaje tan largo, comprendieron que lo haríamos más cómodas con pantalones que con falda. Mi abuela, por cierto, nos decía que cuando fuéramos a montar en el barco nos atáramos una cuerda, quizá porque se creía que tendríamos que saltar, claro que os estoy hablando de principios de los años setenta, pensaría ella que para bajar tendríamos que saltar… Fue precisamente en Mallorca donde cumplí los 18 años. Guardo en la memoria de forma muy clara nuestra llegada a Palma en barco: era de noche, y las luces de la bahía, con los barcos, la catedral y el paseo marítimo reflejándose en el agua, me pareció precioso. Aunque yo ya había estado en San Sebastián, el contraste con el mundo que dejaba atrás me pareció enorme, como si de repente hubiéramos llegado a un sitio infinitamente más grande que el conocíamos. Aquella noche dormimos en habitaciones de clientes porque las del personal aún no las habían arreglado. Una anécdota que os puedo contar es que no encontrábamos la cadena del wáter porque resulta que era un redondel que había en la pared; nosotras sí lo habíamos visto, le dábamos vueltas en un sentido y en otro, pero no había manera de hacerla funcionar hasta que, a la mañana siguiente, llegaron las mujeres de la limpieza y nos dijeron que había que apretar, para adentro… Otros detalles que podría contar para explicaros lo distinto que me pareció el sitio al que había llegado para trabajar, es la impresión que me produjo ver a las mujeres mayores en la playa- alemanas, inglesas, francesas- en bikini y fumando. Me gustaría, si me lo permitís, hacer aquí un inciso y aprovechar para señalar el papel tan importante que la llegada del turismo ha tenido en España para la evolución de su sociedad y, sobre todo, para la liberación de la mujer. De repente pasé de un mundo en que las mujeres eran muy pronto consideradas como viejas y apenas se las veía bajo las sayas con que se cubrían, a un mundo en que las mujeres mostraban su cuerpo sin ningún complejo, parecían independientes, autosuficientes y mucho más libres de lo que yo hasta entonces había imaginado. Supongo que mi estancia en Mallorca, siendo yo tan joven, me hizo tomar consciencia, sin darme cuenta, de que las mujeres podían tener en la sociedad un lugar más digno del que habían tenido tradicionalmente.Estrella 2

Al año siguiente nos iríamos a trabajar en Mallorca un autobús entero. De aquí de Valdencín se fueron la Juli Patana, la Juliana y la Vito. Éstas dos últimas han seguido en la hostelería. A Juli le pasó lo que a mí, que volvería a pueblo para dedicarse a la agricultura. A Miguel, mi marido, no le gustaba Mallorca. Podíamos haber hecho nuestra vida allí pero no fue así, se ve que nuestro destino era Valdencín.

Cuando nos casamos estuvimos viviendo tres años en Torrejoncillo, pero el verano lo pasábamos en la Zaudera. Teníamos allí una parcela arrendada y allí nos quedábamos hasta que terminábamos de colgar el tabaco. Algunos domingos nos visitaba la familia para pasar el día en el río y lo pasábamos muy bien. Una vez hubo una tormenta muy grande y se nos averió la tele, por eso, desde entonces, yo cada vez que hay tormenta la apago. Después nos dieron la parcela y nos vinimos a Valdencín.

La primera vez que vine a ver la casa estaba yo embarazada de la Carmen, y me acompañaban mi madre, mi hermana Paca y Miguelito. Vinimos en el autobús de la empresa Mirat, que nos dejaba en el cruce porque entonces no subía hasta Valdencín, razón por la que tuvimos que hacer este recorrido andando y con el niño a cuestas por turnos. La primera impresión que tuve cuando vi la casa fue inmejorable. Nosotros veníamos de vivir en una casa alquilada muy pequeña, de espacios reducidísimos. Para que os hagáis una idea, el cuarto de baño eran un lavabo y una taza del water – aquí no había cadena – y en el patio de casa sólo teníamos el sofá, porque allí no cabían los sillones y tenían que estar en otra habitación. Para lavar la ropa había que llevar el agua de un grifo que había en la cocina hasta la solana y después volver con ella al wáter, imaginaos qué faena. Así que al llegar a una casa tan grande y tan bien hecha, con un buen cuarto de baño con bañera, una amplia cocina, grandes habitaciones, armarios empotrados, otra cocina para la matanza y la pila para lavar, con el agua corriente, el cambio, como comprenderéis, fue enorme. Son comodidades que los más jóvenes de vosotros no valoraréis tanto, pero que en aquel momento supusieron un avance muy importante en la mejora de las condiciones de vida. Eso sí, debo decir que nosotras tuvimos la suerte de que ya estaban instaladas la luz y el agua corriente, porque los colonos que vinieron antes que nosotros no tenían ni lo uno ni lo otro, y algunos tuvieron incluso que vivir durante algún tiempo en los graneros, ya que las viviendas no estaban terminadas, aunque esto ya se ha comentado en otras ocasiones y por esta razón no voy a detenerme en este particular. El Valdencín de aquel entonces, y de esto os acordaréis los más mayores, era un hervidero de familias con muchos niños venidas de diversos pueblos del norte de la provincia, y el ambiente que recuerdo estaba lleno de compañerismo y solidaridad, no me costó nada adaptarme al pueblo. Mi madre, que vino siempre mucho a Valdencín, decía que le gustaba este pueblo porque era como una gran familia.

Al principio yo no podía ir a la parcela, pues tuve a mis cuatro hijos muy seguidos, en sólo seis años. Pero en cuanto crecieron un poco empecé a hacerlo porque la situación obligaba a ello. Miguelito, porque entonces era Miguelito, se encargaba de entretener a sus hermanos pequeños en el pabellón de tabaco. Improvisaba una batería con botes y cubos- ya apuntaba maneras y empezaba a dejarse ver su afición por la música- y así pasaban la tarde. El día a día estaba lleno de anécdotas, algunas muy divertidas, y, naturalmente, del deseo de que la cosecha fuera buena.

Como sabéis todos los que sois, o habéis sido, agricultores, es esta una profesión en la que se vive siempre con cierta incertidumbre, sin saber nunca cómo van a ir las cosas, pendientes del tiempo y de otros factores que son imprevisibles. Y en toda una vida dedicada al campo, se tiene de todo, años buenos y años para olvidar, que es lo creo que hay que hacer con todo lo malo. Además, estamos de fiesta. Y de lo que toca hablar ahora es de cómo la vivimos las mujeres. Permitidme de nuevo que, al hablar de mi experiencia, lo haga también un poco en nombre de todas vosotras.

Está claro que las fiestas no se viven siempre igual, y que a medida que nos vamos haciendo mayores cambia la manera en que las disfrutamos, porque no es lo mismo la despreocupación de cuando se es joven que las responsabilidades que tiene el ser madre y esposa. Pero a pesar de estas últimas, yo las fiestas he tratado de vivirlas siempre con mucha alegría -en eso mi familia tiene algo de culpa porque hemos sido siempre muy animados y muy amigos de pasarlo bien. Lo que marca la diferencia en la manera en que las mujeres las vivimos con respecto a los hombres, es que a nosotras siempre nos ha tocado trabajar más en estas fechas, porque éramos las encargadas de seguir cuidando la casa, preparar la comida y recibir a los invitados, ejercer de anfitrionas y seguir ocupándonos de nuestras hijos cuando eran pequeños. Eran días de alegría y de disfrute pero también, todo hay que decirlo, de mucho jaleo y algún que otro agobio. Esto último no me ha impedido nunca, sin embargo, disfrutar de estas fechas y de ver mi casa llena de gente, sobre todo de familiares como mis hermanos que, al ser músicos, venían a tocar en la verbena. Luego el testigo ha pasado a Miguel, el cual, también por ser músico, ha sido parte activa de estas fiestas tocando en ellas con las distintas orquestas por las que ha pasado- hasta la charanga de la romería vienen a mi casa y nosotros contentos. Será porque, como decía antes, nos gusta la fiesta, y ahora que vienen todos los hijos con mis nietos, las disfruto más aún, porque la mayor alegría es verlos todos juntos.
Llegados a este punto, entrando ya en el tramo final del pregón, quisiera destacar la labor que desde hace años lleva haciendo la Asociación de Amas de Casa. No quiero dejar pasar la oportunidad, ya que de fiestas y mujeres se trata, de reconocer el trabajo que desde que se fundase, allá por el año , ha realizado esta asociación. Porque no hay que olvidar que cuando echó a andar, era éste el único medio, o casi, que muchas mujeres tenían para relacionarse con otras personas, para sociabilizarse, para ampliar, en definitiva, sus horizontes. Y por supuesto para conocer sitios que de otra manera no habrían conocido. Por todo esto la Asociación de Amas de Casa ha aportado, también, su granito de arena en la mejora de la calidad de vida de muchas mujeres, sobre todo en lo que se refiere al ocio, y muy especialmente en pueblos pequeños como éste. Así que aprovecho también para desearle muchos años más de feliz andadura y de compromiso con las mujeres rurales. Además de los numerosos cursos que en la Asociación se han impartido, además de las convivencias, me gustaría recordar, especialmente, los viajes que hemos hecho gracias a ella, y que son, estaréis de acuerdo conmigo, la mejor manera de seguir aprendiendo y de valorar lo que ya se tiene. No sólo hemos podido conocer bien nuestra región, sino que también hemos salido a lugares mucho más alejados como Granada, donde hicimos noche, ¿os acordáis? Fuimos a las cuevas del Sacromonte, con chinos, argentinos. A Miguel y a mí nos hicieron bailar la jota Virgen de Guadalupe, la de fotos que nos hicieron, si es hoy nos ponen en internet y nos ve todo el mundo. Ya cuando nos veníamos de regreso una de las mayores hizo este comentario: “Qué pena les dará a los ricos morirse”. A los hijos de esta señora, Tía Paulina, se lo he comentado varias veces. Por último, y puesto que he mentado a una persona que ya no está con nosotros, me vais a permitir que me despida con la siguiente cita: Quiero madre de que te acuerdes de los que ahora nos faltan , esos que están en el cielo y que a tu lado descansan. Esta frase es de cuando mi nieta Estrella hizo el pregón de la ofrenda de flores a la Pura, y yo me quedo con ella porque a todos, en mayor o en menor medida, nos falta gente: familiares, vecinos, amigos… Vaya también nuestro más emotivo recuerdo para todas esas personas que ya no nos acompañan pero que en su día disfrutaron, tal y como vamos a hacerlo nosotros, de las fiestas de Valdencín, no sólo las de julio, también las de Santa Teresa y las de la Esperanza. Es de justicia que no los olvidemos y que los llevemos siempre en el recuerdo y en el corazón. Pero la vida continúa y no quiero que nos pongamos tristes, porque estamos de fiesta y ya están los artistas esperando para actuar. La vida, como alguien ha dicho, debería ser una celebración, y no lo contrario. Así que ya sólo me queda deciros que aprovechemos estos días de fiesta que nos esperan para vivirla con alegría, bailando mucho y disfrutando de aquellos que vuelven. Gracias otra vez por haberme acompañado en este pregón y que no nos coja el toro.

¡Viva Valdencín!

Informa  Miguel y Vanesa

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