Evolución demográfica de Torrejoncillo (I)

Evolución demográfica de Torrejoncillo (I)

Desde el Torreoncillo BUENOEl tema que voy a abordar, como el anterior en dos capítulos, es de los que cualquier documentado puede buscarle “cinco pies al gato”. Yo diría más bien que, si se quiere, se le pueden buscar muchos más pies y hasta tres o cuatro rabos. Por eso me veo en la obligación de hacer una serie de consideraciones previas, extensas pero necesarias.

La primera es que voy a olvidarme de hacer comparaciones con otras poblaciones. Digo esto porque siempre que se trata este tema sale a relucir la comparación en el pasado con Coria. Aguas pasadas no mueven molinos. Pasado y presente ahí están, sin más. Suele evocarse también el destacado lugar que ocupábamos en cuanto a número de habitantes en la geografía provincial o regional. Es cierto. Advierto que voy a limitar este estudio a Torrejoncillo, sin cruzar el río y sin pasarme del Cruce de Portaje, de la Ribera o del Encinejo.

La segunda es una consideración técnica que hace que no siempre quede bien reflejado en una población y en un mismo año el mismo número de moradores que la componen. Las fuentes de las que se obtienen esos datos suelen ser distintas y no siempre, más bien raramente, coinciden. Tampoco puede ser posible, al menos hasta determinadas fechas, marcar la cifra exacta de habitantes de una localidad ya que, aproximadamente hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX, la población de un término se expresaba normalmente según el número de vecinos, o cabezas de familia, y no de habitantes. Para averiguar estos últimos, unos multiplican por 3,84 el número de vecinos .Otros lo hacen por 4. Los resultados se aproximan pero no pueden ser los mimos. Ambos coeficientes son relativos. Sirven al menos para marcar una pauta general, que, en ocasiones se acercará a la realidad concreta, y otras veces no. Por ejemplo, tengo datos exactos, según un acta de nuestro Ayuntamiento, de la población local del año 1834. Dice literalmente “1276 vecinos y 4524 habitantes”.El coeficiente resulta inferior a los que hemos citado: 3,545.

Ocurre a la inversa el año 1846. Es el año en que Pascual Madoz publica su Diccionario Histórico Geográfico de Extremadura. En él atribuye a este pueblo la mayor población de la que hay constancia, cifra que ha servido de referencia a estudiosos del tema y que ha marcado esas cotas tan altas y competeitivas fuera de nuestro entorno. Las incluyo en este fragmento escaneado de tal diccionario:
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¿Son reales? ¿Y por qué no? Yo tengo mis dudas, porque si dividimos esas almas entre esos vecinos resulta un coeficiente de 5,47, muy elevado si se tienen en cuenta los coeficientes establecidos citados anteriormente. Si en cambio multiplicamos esos vecinos por 4 resulta un número de habitantes, 4800, más en consonancia con los datos que conocemos de años cercanos, 4920 en 1844 o 4918 en 1851. Es en razón de esas dudas o similares por lo que no tomaré en consideración guarismos que salten a la vista por ser muy diferentes a los de años anteriores o posteriores que mantienen todos una misma pauta ascendente o descendente dentro de un mismo período, un decenio, por ejemplo.

Hechas las salvedades pasemos a analizar nuestra evolución demográfica. Hasta que lleguemos aproximadamente a 1900, y para seguir siempre un mismo criterio, lo haremos según el modelo de multiplicar por 4 el número de vecinos. Luego ya no es necesario hacerlo para averiguar los habitantes. Intentaremos no abrumar con cifras, pero en este tema – lo siento – son inevitables.

Doc 2Los primeros datos concretos que tengo pertenecen a 1530. Están tomados por mi difunto amigo Bienvenido García de unas notas referentes a dicho año anexas al denominado Censo de Tomás González, canónigo de la catedral de Plasencia a quien el rey Fernando VII encargó la reordenación del Archivo de Simancas tras el expolio realizado por las tropas napoleónicas. Según dichas notas seríamos por entonces 800 habitantes (200 vecinos más o menos). Debimos crecer bastante en cincuenta años pues sabemos por las Relaciones Topográficas del rey Felipe II que en 1578 ya éramos cien vecinos más, esto es, 1200 lugareños, si es que nos fiamos de esta información: “Tiene este lugar treszientos vezinos poco mas o menos. Ai granjeria de puercos y ovejas y carneros y mantienense de su trabajo de labor”.

No poseo muchos testimonios demográficos de la primera mitad del siglo XVII y los que tengo no me parecen muy dignos de confianza. Parece claro que hay en estos cincuenta años un descenso de población. Concretamente en 1653 se habla de 199 vecinos, prácticamente casi los mismos habitantes, 796, que en 1578. La información es real, pero sorprende un poco. Quizás las guerras por la independencia del vecino reino de Portugal y las escaramuzas en su frontera citadas por Velo y Nieto contribuyeran a no hacer muy deseable habitar estos contornos próximos a la conocida raya.

En su segunda mitad es evidente la recuperación. El aumento de población es innegable en el final del XVII y principios del XVIII. Tanto que en el primer decenio del nuevo siglo, concretamente en 1706 y 1710, los vecinos se habían duplicado y ya eran 1564 las almas. Hay un ligero descenso cercano a 300 habitantes en torno a 1717. Las causas ahora están muy claras: Por una parte la guerra de Sucesión por la Corona de España entre Austrias y Borbones que eligieron ambos nuestras tierras, y no sus respectivos países, como escenario de la lucha por sus intereses dinásticos. Por otra, según el doctor Melón Jiménez, la baja poblacional fue general, motivada por sucesivas epidemias, por “el gran invierno europeo de 1709” y por una terrible plaga de langosta que duró hasta 1715.

Desde 1717 hasta el final de siglo se produce una impresionante explosión demográfica. Por el Catastro del Marqués de la Ensenada, de 1753, sabemos que Torrejoncillo tiene ya 767 vecinos, 3067 habitantes. Y tal como consta en actas de reuniones celebradas en 1789 entre los pueblos de la Comunidad de Tierra de Coria para el reparto de pastos comunes, los 3920 torrejoncillanos pisaban fuerte en aquellas polémicas. Quizás aumentasen algo la cifra para obtener más terrenos. Pero, sin duda, el ascenso poblacional era sobresaliente. En 1791 el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura da cuenta de “nobecientos once vecinos, que su aplicación es a la fabrica y manufacturas de lanas en que se emplean sobre seiscientas familias, en el ramo de lavor ziento y zinquenta y los restantes los componen arrieros, jornaleros, hortelanos y ganaderos”.

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Habíamos entrado en el período de las “vacas gordas». Gracias a la industria pañera destacábamos no sólo entre los pueblos del partido, también de la provincia. Y habría que añadir que esos 911 vecinos, 3644 ciudadanos, era población de derecho, a la que habría que añadir un número muy considerable de residentes de hecho, temporales o transeúntes. Y sin contar las más de cien mujeres que se desplazaban diariamente de otros lugares a trabajar en el nuestro:

Dejaremos el tema de los paños para otra ocasión, más adelante. Vamos a cortar por hoy. Pensaba hacerlo en un capítulo pero veo que no es posible. Tendrá que ser en dos. No creo que nadie se moleste. Además ¡más capítulos tiene la historia o el secreto ese de Puente Viejo y, aunque esté recién comida, la gente se lo traga! Dentro de quince días, la segunda, y última, parte. ¡Hasta entonces!

Antonio Alviz Serrano

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