La enseñanza de adultos, una nueva experiencia

Cuando una persona decide dedicar su vida a la docencia, tiene claro que no será una tarea fácil tener transmitir todos aquellos conocimientos que un día le fueron transmitidos; con el único fin de formar y hacer mejor persona a aquel que le escucha. Cuando decides dedicar a una carrera en concreto, por ejemplo, decides estudiar idiomas, historia, psicología; simplemente lo haces porque eso te gusta, pero una vez finalizados tus estudios surge el planteamiento de ¿a qué dedicar la vida? Muchas de estas carrera, o grados; como ahora se conocen, dan la oportunidad de poder transmitir parte de lo aprendido a un alumnado más o menos interesado en ello. Pero lo más importante es que te hacen orador ante un público muy variado y heterogéneo, con diversas circunstancias e intereses.

La mayoría de personas que deciden trabajar en la docencia suelen tener en su mente la imagen de una clase llena de niños o adolescentes que acuden con un mayor o menor interés en lo que te tendrán que aprender, pero sobre todo que están evolucionando y cambiando. Están en un proceso de maduración y el profesor formará parte de dicho proceso. Hoy en día se sabe que la tarea del docente es bastante compleja, ya que se enfrenta a una sociedad que no muestra apenas interés en formarse y aprender, y a veces ello puede generar gran desmotivación en su persona.

Sin embargo, cuando una persona decide dedicar su vida a enseñar a los demás, olvida que no sólo los niños y los adolescentes quieren o tienen que aprender. También existen aulas y centros de adultos, donde el alumnado es muy distinto al que se puede encontrar en un colegio o en un instituto. Son personas que tienen otras dedicaciones y para ellos supone un gran reto volverse a dedicar a los estudios. Cuando se comienza a trabajar con adultos, lo primero que debe hacerse es limpiar la mente de cualquier tipo de prejuicio que se puediera tener con respecto al modo de enseñar. Ahora la metodología es distinta ya que el reto es distinto.

Nunca debe olvidarse que un adulto acude al aula porque así lo desea, por ello no se le puede tratar como a un adolescente o a un niño. Estas personas son completamente conscientes de lo que hacen, y en ocasiones pueden ser hasta mayores que el mismo docente. Un niño tiene como única labor en su vida aprobar el curso en el que esté, sin embargo, un adulto tiene una vida que dirigir; muchas veces con personas a su cargo y siempre se deberá tener en cuenta ese aspecto fundamental a la hora de tratarle.

Es por ello que el tipo de metodología a emplear será completamente distinto; se parte de la idea de que esas personas dejaron las aulas hace ya muchos años y por ello, muchos de los conceptos que se podrían dar por sabidos, deben ser nuevamente explicados; ya que simplemente se olvidaron. Por otro lado, es más difícil avanzar con este grupo de edad, ya que no suelen asistir tan asiduamente a clase, con lo que se dificulta aún más la labor del docente. Por ello, la metodología que se emplee debe centrarse en la repetición y recapitulación de lo explicado hasta el momento, ya que disponiendo de poco tiempo para asimilarlo y no siendo asiduos en las clases, necesitan seguir el hilo de las clases con la mayor facilidad posible. Nuestra labor será facilitarles la tarea lo más posible, nunca bajando el nivel, por supuesto, pero sí prestando un tipo de atención distinta a la que podría recibir un alumno en un instituto. Aunque sean adultos, siguen necesitando la figura del docente como guía en el proceso de aprendizaje; ya que muchas veces se sentirán perdidos. Es importante, además, tratar de completar todo el material que se explique con muchos ejercicios, dado que éstos ayudarán a fijar de un modo más sencillo todo lo que hasta el momento se haya explicado.

El modo de tratar a un adulto también suele variar, ya que el profesor se enfrenta a un alumnado maduro y responsable, y no será necesario estar todo el tiempo reprendiéndoles por su comportamiento, por hablar mucho en clase, levantarse sin permiso u otro tipo de acciones que un adulto no suele llevar a cabo. Por supuesto que la clase deberá regirse por unas normas que tendrán que ser respetadas para que así todo funcione correctamente, pero nunca se les podrá tratar como a niños, porque no lo son. Es vital que al entrar al aula nos concienciemos de ello, debe haber un respeto mútuo y un respeto a las normas vigentes en el aula, pero el trato será lógicamente distinto.

Para concluir, el tema principal que se ha desarrollado en este artículo tiene que ver con la experiencia, con el reto de enseñar a adultos. Es algo muy enriquecedor, ya que dado que cualquier persona puede aportar sus experiencias y vivencias, un adulto siempre habrá tenido más experiencias que un niño,y se puede aprender mucho de él. Hay muchos aspectos que diferirán con respecto a la enseñanza en el colegio o instituto, entre ellos la metodología. Este aspecto es fundamental ya que el modo de aprendizaje adulto es muy distinto al de un niño, entre otras cosas por la falta de hábito de estudio, y la falta del tiempo necesario que debe dedicarse a ello. Por otro lado, tampoco debe olvidarse el trato con este grupo; dado que no se les puede tratar como a niños. La enseñanza de adultos es una experiencia digna de ser vivida.

Silvia Mateos Bellot
Artículo publicado en la Gaceta Extremeña de Educación

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