EL HOMBRE DE LOS OJOS
¡Qué impresión me producían aquellas palabras de pequeño! Y que salía corriendo a la plaza a ver si veía a ese ser tan raro con la cara llena de ojos por delante y por detrás. Nunca llegaba en el momento oportuno, nunca lo cazaba a tiempo, así que con las mismas, me daba media vueta a contarle a Bemba, a mi madre o a mi abuela que un año más se había escapado dicho sujeto sin poderlo ver, habría que probar fortuna al año siguiente.
Mañana bajaré a la plaza y les aseguro que lo buscaré de nuevo como hago cada año y a continuación una sonrisa se esbozará en mi cara.
¡Que la inocencia y los buenos recuerdos permanezcan muchos años entre nosotros!


