AGRICULTURA 4: LA SEMENTERA

LA SEMENTERA

Ya estamos en octubre, hay que preparar la tierra para sembrar, lo primero, limpiarla de tomillos, jaras, retamas y chamuscos y otras hierbas que estorban, a esto se le denominaba ROZO. Se pasa un palo tirado por los animales para romper los terrones y nivelar un poco la tierra, para que al caer la simiente lo hiciera de forma uniforme; ya estaba oliendo a sementera, se prepara el arado, se afilaba la reja (labor que se hacía en la fragua, ya lo explicaré en otro capítulo), se cosían las albardas, los costales, se preparaban las herramientas, se encalaban las simientes (era la forma de curar la simiente para que no tuviera bichos, sobre todo gorgojo), se seleccionaba la simiente, para que fuese el mejor grano, esto se hacía por la noche, pues al amanecer había que salir: con la yunta, el arado iba cruzado encima.

Al llegar al campo donde se iba a sembrar, había que hacer unas rallas o marcas en el terreno, que se hacían con el arado, de siete pasos de ancha, que le servían al labrador para saber dónde estaba el corte por donde había echado la simiente, a esto se le denominaba MELGAR. Una vez hecho esto, el gañan, que así se llamaba al labrador, se echaba el costal al hombro, la simiente era lanzada muy habilidosamente, para que al caer al suelo estuviese muy bien repartida, para que la siembra naciera uniforme, las melgas anteriormente descritas servían para que el labrador llevara una referencia por donde iba echando la simiente, la técnica de repartir la simiente era: pie derecho, meter la mano en el costal y sacar el puño lleno, y al echar el pie izquierdo, lanzar la simiente en forma de abanico; terminada la jornada ya en el pueblo, había que ir a la fragua a aguzar la reja, echar de comer a los animales, seleccionar la simiente y encalarla, y acostarse pues había que madrugar para la siguiente jornada.

Para empezar bien el día, había que hacer un desayuno fuerte, que eran unas migas para poder aguantar hasta el medio día, ya que había que aprovechar bien el tiempo, para que cuando llegasen las aguas ya estuviese la sementera hecha.

Había dos tipos de sementera, la de los menos pudientes, que es la que he explicado y la de los pudientes, que esta se hacía con obreros: se solía dar de desayunar a los gañanes las migas que las hacia la señora de la casa, mientras se hacia el desayuno, daban de comer a los bueyes (pajearlos), las migas se solían hacer con manteca, pues tenían más alimento que las de aceite y también se aprovechaba la grasa, de freír las presas de tocino del medio día.

Previamente los gañanes tenían que preparar la simiente en los costales, para cargarlas en el carro con las tozas de pasto, para que en el momento de la comida, que duraba como una media hora, también comieran los animales. Al oscurecer terminaba la jornada, a aguzar la reja como los anteriores.

Cuando el otoño había sido bueno, y había hierba en el pusido, se quedaba el gañan en el campo, para que los animales (vacas, caballos, mulos y bueyes) comieran en el campo y así evitar echarles de comer en casa.

Terminada la sementera, el propietario despedía a los obreros (gañanes) y se quedada con el APERADOR, que era el encargado de mantener todo el material en orden, reparando los arados, trillos, árganas, carros, etc. Los menos pudientes, cada uno arreglaba sus enseres.

Entre últimos de octubre y mediados de noviembre, se terminaba la faena de la sementera, el agricultor, tenía que hacer picón, leña, reparar las paredes de los huertos, sembrar lechugas, habas, etc., reparar los utensilios de labor (se llamaba labor a todas las faenas agrícolas) cuando llegaba diciembre, había que comenzar un nuevo ciclo: la barbechera, el primer capítulo de la agricultura.

Durante este tiempo, el grano había nacido, había que darle una primera sazón, que consistía, que con un ramo de encina, tirado por los animales, se pasaba por encima del sembrado (aquello parecía que iba a destrozar el sembrado), pero lo que hacía era redondear el surco, la tierra caía al fondo de este, por lo que después había ARICAR el surco, esto consistía en pasar el arado romano por el fondo del surco, con las orejeras un poco abiertas, para que la tierra fuera arropando la siembra, con esta faena el sembrado quedaba medio enterrado, ya cuando se desenredaba de esto cogía mucha fuerza, en algunos pueblos se sachaba todo el sembrado, que normalmente lo hacían las mujeres, para quitarles la mala hierba, para que la siembra creciera mejor.

En el próximo capítulo, trataremos la fragua, por estar muy unida a la sementera.

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