PONGA UN CURA EN SU MESA
Hace unos días conocimos la noticia de la renovación, por parte del gobierno de la Comunidad de Madrid, de los acuerdos con la Iglesia para que un párroco forme parte de los comités de ética en los hospitales públicos de esa comunidad. Parece ser que esto es una práctica que adoptan, con alguna variante, varias comunidades autónomas de distinto color político. Estos comités de ética resuelven asuntos tales como la aplicación de los cuidados paliativos a enfermos terminales o aspectos relacionados con el aborto, entre otros. Parece evidente la inclinación de estas decisiones si entre los miembros de dichos comités se encuentra un cura, pues de todos es sabida la postura de la Iglesia en determinados temas, en coherencia con sus doctrinas, claro. Su influencia, de esta forma, lejos de mitigarse -como algunos quieren hacernos creer desde la transición a la democracia-, lo que hace es prolongarse e inmiscuirse en asuntos en los que no debiera, recordándonos otros tiempos, a no ser que la persona lo pidiera expresamente. Siendo claros: si alguien tiene una enfermedad terminal, se está retorciendo de dolor en la cama de un hospital público y sus familiares piden la aplicación de morfina (algún médico me corregirá), me gustaría saber por qué un cura puede decir aquello de “el dolor dignifica”, sin que nadie pueda apostillarle a continuación “cuando lo sufre otro”. La espiritualidad, la fe...
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