Madrid se rinde al torero torrejoncillano Emilio de Justo

Madrid se rinde al torero torrejoncillano Emilio de Justo

Desde la barrera del cielo, su padre vibra junto a un puñado de fieles aficionados torrejoncillanos, en la faena que su hijo le brinda para abrir las puertas de la gloria del triunfo.

Siempre se ha dicho que no hay dicha completa: a la misma hora del domingo anterior, Emilio enterraba a su padre lleno de dolor, no sólo por la pérdida de su progenitor, sino también porque un Victorino, en tan fatídica fecha, le atravesaba el muslo de lado a lado.

Con la herida tierna, se presentaba en Madrid para poner punto final a su triunfal temporada y no podía ser de mejor forma. Emilio de Justo se resarcía  de un endémico sistema que le había castigado duramente al ostracismo durante largos años. Sólo él, a base de trabajo, esfuerzo y sacrificio  ha sabido confiar en sí mismo, mantenerse fiel a su estilo y salir del dique seco para satisfacción suya y de los que tantas tardes le hemos seguido, sabedores de que esta tarde tendría que llegar, pues Emilio, desde siempre, tuvo algo que le hacía especial y es el don del temple y esa chispa que solo algunos toreros poseen.

Muchos fuimos los torrejoncillanos que nos congregamos nuevamente en el coso de las Ventas del Espíritu Santo para ver a nuestro paisano y mucho fue lo que disfrutamos en esa tarde que quedará para siempre grabada en nuestras retinas y entre los éxitos más importantes del diestro.

Había un runrún en el ambiente que hacía intuir que algo grande iba a pasar. Los aficionados madrileños  recibieron al de la calle Coria con un merecido aplauso, que le hizo desmonterarse, por el doble esfuerzo de Emilio de recuperarse por lo que había pasado apenas una semana antes.

Y así fue, gran recibo capotero acompañado de un quite por chicuelinas a manos bajas, marca de la casa. En la muleta resultó, este primero, un toro de muchas teclas, que para muchos pasaron desapercibidas. Pese a que no embestía con clase Emilio le anduvo en torero, siempre en el sitio y de verdad. La guinda vino con la espada: estocada de libro en la que se marcaron los tiempos a cámara lenta y en todo lo alto, que terminó en clamor popular. Los pañuelos llenaron los tendidos y la oreja cayó de ley.

Al segundo, un manso que intentó rajarse en varias ocasiones, cuando pocos esperaban algo, Emilio le inventó una faena y terminó por meterlo en el canasto; la faena fue creciendo hasta terminar con una templadísima tanda en redondo por el derecho y otra de ajustadísimas manoletinas. Intensísima faena cruzándose y dando el pecho, pura verdad como nos tiene acostumbrados. La guinda vino de nuevo con la espada con la que le recetó otro excelente volapié. La plaza fue un nuevo unánime clamor y la oreja fue suya.

Pese a la gran dimensión mostrada, Madrid ha de esperar para verlo con el toro que le permita expresar la gran clase de torero artista que el torrejoncillano atesora.

Y llegó la tan ansiada  puerta grande, que resultó apoteósica. Un nutrido grupo de torrejoncillanos esperaba a Emilio a su salida, que arrolló a hombros, a la multitudinaria muchedumbre que le vitoreaba “TORERO” por la gesta conseguida y abarrotaba la puerta de la gloria del toreo. Justo al cruzar el umbral de la puerta grande , ya en la taurina calle de Alcalá, en la que se había hecho la noche, echó  la mirada al cielo  y lanzó un beso a la barrera del cielo, que entusiasmada vibró en una tarde grande.

Ángel Carlos Sánchez.

 

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1 Comment

  1. Marga Suarez

    No me gustan los toros y no voy a verlos pero me gusta la gente que lucha por un sueño y más si lo consigue. Enhorabuena

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