HERIDO DE UN CABESTRO
Titulaba mi última columna “Que nos quiten lo bailao”, pero el cabestro me quitó lo bailao, lo cantao y lo repicao de un plumazo y así me he pasado las fiestas, sentadito y viendo los toros desde la barrera, mejor dicho, desde TTV. Si existiera un manual de negligencias a la hora de salir al toro, estoy seguro que lo hubiera cumplido punto por punto, lo malo de esto es que nos damos cuenta después de que pasan las cosas y al final, como bien dice la sabiduría popular, perdiendo y dando gracias, porque la cosa pudo ser peor. Y así estos días, como no podía hacer otra cosa, me he dedicado a subir las audiencias de televisión, a caballo entre Teledeporte y TTV. Por primera vez me he tragado la programación entera durante los cinco días de emisión de la televisión local y sólo me queda quitarme el sobrero ante un trabajo tan profesional y tan bien llevado a cabo. De la programación de este año, me quedo, como casi todo el mundo, con el espacio de “Callejeros”, el dolor que me produjo en mi maltrecho costado cada una de las carcajadas que esbozaba al escuchar a esos actores tan reales y con la entrevista a Victorino Martín (padre e hijo), la cual tenía un trabajo de documentación detrás muy alto. Por otro lado, también me gustaría felicitar...
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