PLAYTOPÍA SE ESTRENA Y EMOCIONA EN TORREJONCILLO
Si hay algo que siempre me ha fascinado de Torrejoncillo es su pasión por la cultura. Y hay imágenes que hablan por sí solas, una de ellas es, sin duda, la del patio de butacas del Salón de Actos de la Casa de Cultura Raúl Moreno Molero lleno a rebosar. Familias enteras compartiendo un mismo latido, niños y mayores unidos por la expectativa, por ese silencio respetuoso que precede al inicio de una obra y que para mí ya forma parte del espectáculo. En esta ocasión pude disfrutar de los ojos de Mateo, un niño que había venido desde bien lejos para conocer el mundo de los juegos.
Y volvió a ocurrir.
El estreno de “Playtopía” no fue solo una función más; fue uno de esos momentos que ya guardamos en la cajita de las emociones y los recuerdos bonitos. Esta producción conjunta de Teatro de las Bestias y Cíclica Teatro demuestra que cuando el talento se encuentra y se entiende, el resultado trasciende más allá de las tablas del escenario.
Merece mención especial Pedro Luis López Bellot como director y dramaturgo, con una mirada escénica que vuelve a demostrar una sensibilidad y una visión poco común. Pedro Luis no solo cuenta una historia, una problemática o una denuncia: la construye desde lo emocional, cuidando cada gesto, cada silencio, cada luz y cada sombra, todo tiene sentido y está perfectamente encajado. Pedro Luis entiende el teatro como un espacio de verdad, dónde el espectador reflexiona, piensa, se identifica, se siente parte. Su trabajo en “Playtopía” confirma una trayectoria comprometida con un teatro social, honesto y profundamente humano, que a mí personalmente me parece más que necesario.
Junto a Nuqui, conforma un tándem que no solo asegura éxito sino que, además, conmueve, remueve y conecta. Porque PLAYTOPÍA no es únicamente teatro, muchos nos vimos reflejados, como en un espejo… el teatro se hace vida.
Playtopia es un alegato claro y necesario a la infancia. A ese derecho tan sencillo y, a la vez, tan olvidado: jugar, jugar en la calle o en casa, pero JUGAR, descubrir, imaginar sin límites, construir mundos donde todo es posible. Nos recuerda que la imaginación nos puede salvar de los momentos más oscuros.
Y también es una denuncia. Sutil y directa a la vez. Una llamada de atención sobre esa “luz” que hemos colocado en las manos de nuestros niños y niñas, esa dependencia silenciosa de las pantallas que, poco a poco, roba espacio a la creatividad, al diálogo, a lo realmente importante.
Esta nueva obra en la que podemos disfrutar de Pedro Luis y Nuqui nos obliga a detenernos. A repensar. A preguntarnos qué estamos haciendo para que la infancia transcurra libre y feliz. Y entonces uno se da cuenta de un detalle que no es casual: en la obra, los padres no aparecen, solo se escuchan como voces en off. ¿No es, quizá, una metáfora incómoda pero real?
La presencia magnética de Ana Fernández sobre el escenario impresiona desde el inicio un personaje que late con una verdad desarmante. Desde la esencia del clown construye una interpretación que atrapa, que emociona, que nos hacer reír, sonreír y también encogernos. Hay actrices que interpretan, Nuqui habita en su personaje. Cada personaje que crea es distinto, único, reconocible en su universo propio, pero sin perder nunca esa esencia que la define: una humanidad luminosa, cercana, que pasa de la fragilidad a la fuerza.
Torrejoncillo volvió a demostrar que el teatro no es solo entretenimiento. Es conciencia. Es emoción. Es comunidad.
No quiero cerrar sin una mención especial a las colaboraciones de paisanos torrejoncillanos como Mané, Ana Salgado y María López, así como al resto del equipo que hace posible que cada detalle cobre vida sobre el escenario..
Gracias por seguir sembrando cultura, por cuidar el teatro y por hacer que Torrejoncillo continúe vibrando. Larga vida al teatro, y en estos días que se celebra el Día Mundial del Teatro… muchas felicidades a todos los teatreros!

