De lluvia y regadíos

De lluvia y regadíos

Esta nueva entrada llega de la mano de las lluvias, que tanto necesitaban y necesitan, nuestros campos después de este eterno verano que, desde que comenzó allá por mayo, (sí, por mayo… cosas del cambio climático) parecía no iba a tener fin. Sea como fuere, llegaron las lluvias y parece que también comienza a abrazarnos el frío (bendito frío) dando un respiro a una situación que era ya insostenible. Así, esta entrada viene acompañada de las lluvias porque vamos a hablar de agua. O más bien de su falta, de su gestión y de cómo seguimos sin quitarnos la venda de los ojos. Sé que es un tema controvertido pero allá vamos, intentaré no levantar mucha controversia.

Como bien nos vienen recordando los medios desde hace algunos meses, este ha sido un año muy seco en la mayor parte del país, con las precipitaciones bastante por debajo de los valores medios habituales. Así, nos encontramos ante el octavo año hidrológico más seco desde 1981 (datos provisionales AEMET) *(A modo de curiosidad, el año hidrológico abarca desde el primer día de octubre del año anterior, 2016 en este caso, hasta el último día de septiembre del año presente, 2017). En nuestra región, en la cual vamos a centrarnos a partir de este momento, las precipitaciones se situaron entre el 50% y el 75% del volumen anual normal. En otras palabras, el año hidrológico se cerró con déficit hídrico. Las consecuencias son de sobra conocidas: carencia de agua para riego y ganado, aumento del coste de la electricidad, mayor virulencia de fenómenos como incendios forestales, dificultades para suministrar agua las poblaciones, y un largo etcétera.

Como apunté hace algunas líneas, nuestra región se ha visto duramente afectada por esta anomalía en la distribución y abundancia de las precipitaciones. Así, de la capacidad total de agua embalsada (14219 hm3) actualmente hay acumulados en nuestros pantanos solo 6422 hm3. Es decir, el conjunto de los embalses se encuentra a un 45,16% de la capacidad total. Esta situación es especialmente crítica en aquellos embalses destinados a riego, los cuales durante los meses de verano se ven sometidos a una gran presión para abastecer de agua a las decenas de miles de hectáreas de cultivos de regadío que componen el paisaje agrícola extremeño. Por poner un ejemplo, la situación del embalse de Gabriel y Galán (cuyas aguas se utilizan para el riego de gran parte de las Vegas del Alagón) es crítica, encontrándose únicamente a un 21,41 % de su capacidad. La cosa es seria.

En climas mediterráneos son habituales los períodos de sequía, por lo que podríamos pensar que bueno, que es algo cíclico, que ha pasado en multitud de ocasiones a lo largo de la historia…y estaríamos equivocados. Las sequías van a ser cada vez más severas y recurrentes, nada que ver con la periodicidad de incluso decenas de años que hasta ahora conocíamos, debido a la acción de aquello que muchos de los mandamases todavía hoy ponen en duda: el Cambio Climático. Una vez apuntado y sabido esto, ¿no creéis que lo más sensato es promover e implantar una serie de medidas que promuevan un uso eficiente y racional del agua, para así intentar, en la medida de lo posible, paliar o reducir los efectos de las mismas? Promover una agricultura y una ganadería que se adapten a los recursos hídricos del lugar en que se asiente, perseguir la construcción de pozos y sondeos ilegales, regular sus usos en la industria para disminuir el consumo…

Pues parece que en Extremadura tenemos otros planes. En las últimas fechas se aprobaban la puesta en regadío de 15000 nuevas hectáreas en Tierra de Barros, para la cual se aportará una capacidad anual de 41,7 hm3 (estimación Confederación Hidrográfica del Guadiana), así como de otras 2500 en Monterrubio de la Serena. Y se ha aprobado un proyecto minero y otro está siendo estudiado (Valdeflores), una actividad que también empleará millones de litros de agua ¿Vistos los efectos que ha provocado y, que aún provoca, la sequía que nos acompaña, es sensato a medio-largo plazo la transformación de estas miles de hectáreas en regadío o la aprobación de la actividad minera?¿Nos echaremos las manos a la cabeza cuando no haya agua con que regar y nuestros campos se conviertan en eriales? En mi modesta opinión, creo que se nos está yendo la mano con la implantación de nuevas hectáreas de frutales, olivares en intensivo (poco a poco harán que digamos adiós a nuestra querida dehesa si seguimos así…pero eso es otro cantar del que ya hablaremos), arroz, etc, dejando de lado los cultivos que tradicionalmente se han dado en nuestra región y que se han mostrado tremendamente provechosos y respetuosos con el medio como cereales (de invierno y verano), la dehesa o el olivar tradicional, por poner ejemplos.

A lo que quiero llegar es a la siguiente cuestión, ¿no pensáis como yo, que si queremos alcanzar un desarrollo sostenible como promulga la “Economía Verde y Circular” tan cacareada últimamente, debemos implantar tipos de cultivo y ganadería que se adapten a las condiciones hídricas del lugar en el que se hallen?¿No deberíamos primar la sostenibilidad ante el dinero si deseamos que nuestra región siga siendo el vergel de Europa?  El velo sigue tapándonos los ojos y no acertamos a ver el diamante en bruto que atesoramos  y que tenemos la obligación de cuidar. Esperemos que esa venda no caiga demasiado tarde.

Progreso, sí, pero no a costa de todo. De momento, que la lluvia nos acompañe.

Julián Cabello Vergel

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