EUFEMISMOS HIPÓCRITAS

Tengo el feo vicio de embaularme íntegro el Debate sobre el Estado de la Nación, desde el discurso del Presidente del Gobierno, hasta la intervención de esos partidos minoritarios, nacionalistas, regionalistas, camarcalistas, y aldeanistas para los que el principal problema de España es que el Ampurdán (y quien dice el Ampurdán dice las Alpujarras o los Monegros) aún no le han sido transferidas las competencias sobre la cría del caracol cuernicorto, y que es inconcebible esa intolerancia del centralismo mesetario, garbancero y fascistoide ante las ansias de de autogobierno de la realidad nacional ampurdana o ampurdense o como carajo se diga.

Pero al arroz, que hoy de lo quería hablarles es de que hay algo que me repatea profundamente los higadillos cuando escucho hablar a nuestra clase política. Esa manía de no llamar a las cosas por su nombre, esa tendencia al eufemismo absurdo, a la metáfora cursi, al subterfugio lingüístico, a la perífrasis estúpida, a la gilipollez políticamente correcta y a agarrar el rábano por las hojas.

Me explico. No sé si se habrán fijado, pero en el debate en que se supone que se habla de la situación de España, la palabra España está proscrita. No se pronuncia, o si se pronuncia se hace con aire contrito, como pidiendo perdón.

Se puede hablar de Estado, de la Nación, de este país, pero nunca de España, porque como ya saben ustedes la palabra España es propia de falangistas, carcas y gentes de mal vivir, y dejarla siquiera asomar a los labios está más feo que tocarse la pilila. Y es que (a ver si nos enteramos de una puta vez) España ni existe ni ha existido nunca. Es sólo una entelequia, una frase histórica que se montaron a medias los Reyes Católicos y Franco, para humillar y someter a esta plural pluralidad de plurales pueblos pluralmente plurimorfos, pluriculturales, plurilingües, pluriformes, pluriétnicos y plurinacionales. Etcétera.

Los que sí existen, porque los vemos día sí y día también en los telediarios, son esos millares de desgraciados que, huyendo del hambre y miseria, tratan de llegar a esta plural Tierra Prometida. Pero no se equivoque. Si usted le parece que los que llenan las pateras y cayucos son negros o moros, hágaselo mirar. Aquí no llegan moros y negros, sino magrebís y subsaharianos o, como mucho, gente de color que suena así más aséptico y civilizado.

Tampoco se les ocurre a los jerarcas de la política dejar siquiera entrever la posibilidad de que existan en España (con perdón) pobres y parados. Se ve que con esto de que ahora somos europeos, mucho nivel, Maribel, los parados y los pobres han desaparecido. Lo que nos queda, si acaso, son individuos de bajo poder adquisitivo y personas en situación de desempleo.

Hace tiempo que desapareció el problema de las drogas, más o menos el mismo que tardaron sus señorías en transformarlas en sustancias estupefacientes, y en desterrar a los drogadictos para sustituirlos por toxicómanos. Del miso modo que barrieron de las calles mendigos y vagabundos y las llenaron de marginados sociales. Del mismo modo que nos han convertido los ejércitos en fuerzas de paz (eso sí, armadas hasta los dientes) y las guerras en conflictos. Del mismo modo que nos han dejado sin putas, y si usted tenía la sana costumbre de descargar el depósito previo pago, debe saber que la que le pida sesenta y la cama, chato, que te voy a dejar como un rey, es una trabajadora sexual, expresión más feministizante y moderna.

Pero, al cabo, ya sabemos que los políticos se dedican a solucionar problemas escondiéndolos, cambiando el sentido de las palabras y exprimiendo la tela de las estadísticas previamente cocinadas, y salpimentadas al gusto. Lo que me preocupa realmente es que en este jodío país, en el que el más tonto quiere hacer relojes, nos encontramos que cualquier hijo de vecino hace sus pinitos para convertirse en Houddini, en esto del transformismo semántico o la prestidigitación verbal.

Cómo por estos parámetros no andamos más que pendientes del ombligo del vecino, del qué dirán, del vete tú a saber, del no vayan a pensar que yo y del más vale un por si acaso que un quién lo iba a decir, nos hemos vuelto tan boquirrubios, tan mingatiernas y tan mírame y no me toques que nos avergonzamos de llamar peón al peón, criada a la criada y carcelero al carcelero y hablamos de trabajadores no cualificados. Nos da un no sé qué y un qué sé yo que yo no sé utilizar vocablos como viejo, tullido, lisiado, ciego, mutilado y creamos horteradas como personas discapacitadas o personas dependientes.

Y que me perdonen los paladines del buen gusto, el elenco de demagogos y cagamandurrias que expiden certificados de lo que es aconsejable decir, pensar o creer y todos aquellos que lo cogen con papel de fumar, pero a mí me da la sensación de que ese miedo a las palabras y esa idiocia demagógica esconde mucha hipocresía y mucha mala conciencia.

El que cree ofensivo utilizar adjetivos como negro, moro o tullido, en el fondo lo que piensa es que ser tullido, moro o negro es algo degradante. A nadie le molestan las palabras por sí mismas, sino por el concepto que representan, y esto no es más que la expresión de la intolerancia y la xenofobia corregidas y aumentadas por una cobardía intelectual que incita a marear la perdiz, a esquivar lo que no encaja en los estrechos esquemas mentales y a llamar (por ejemplo) morenito a un negrazo de dos metros con unos brazos como troncos de baobab.

Y qué quieren que les diga, para mí todo esto es circunloquio dialéctico, no es más que la consecuencia del paternalismo estúpido que nos ha imbuido una tropa de cantamañanas y sacamuelas que creen llevar la Verdad bajo el brazo y que, desde la atalaya de sus cuerpos Danone y sus vidas confortables se han inventado un mundo en el que lo diferente, lo cruel, lo injusto, lo feo, lo desagradable y lo doloroso debe ser desterrado de nuestro vocabulario como primer paso para erradicarlo de nuestras vidas.

Todos tenemos miedo a la crueldad, a la diferencia, a la injusticia, al dolor. Pero la solución no es mirar de reojo todo aquello que nos asusta. Todos, algún día, tendremos que quitarnos esas lentes rosadas que algunos nos han puesto en los ojos, dejar de creer en los Reyes Magos y ver las cosas, tal y como son, decirlas tal y como son. Quien no se atreve a hacerlo es tan sólo un cobarde.

Jonás Fernández

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9 Comments

  1. Anonymous

    Jonás aburressss….

  2. Jerjes

    Quien publica un artículo en cualquier sección de este blog no es necesariamente el autor del mismo.
    Los artículos van firmados con nombre y apellidos y puede participar todo el que quiera.
    Los colaboradores del blog publican con seudónimo.
    Aprovecho para indicar la dirección de correo electrónico para los artículos de opinión: opinionttn@gmail.com

  3. lumijepe

    me parace muy ciertas las palabras de Jonas y ademas la forma de expresarse me gusta mucho.Adelanta Jonas sigue asi y no cambies.Un amigo.

  4. Anonymous

    Perdonad todos si fallo en la técnica.Quiero decir algo, pero a mi edad me cuesta bastante seguir esto de las nuevas tecnologías.Estoy escribiendo ésto sin saber si lograré introducirlo como comentario.
    Comparto idea por idea y palabra por palabra lo afirmado en el artículo.Pero con independencia de ello, quiero destacar la calidad literaria del articulista.No le conozco.Según parece se llama Vd. Jonás Fernández, aunque firma como Jerjes.Sea como fuere, ilustres e históricos personajes ambos (Jonás y Jerjes).A pesar de todo, pensando como piensa, y llamando a las cosas por su nombre, en este…ejem..país que vivimos, lo va a pasar vd. muy mal.El grado de estupidez alcanzado es ya de tal dimensión, que el arreglo será difícil.En cualquier caso, que Dios o el Destino, le conserven su buen juicio.Saludos de un torrejoncillano.

  5. Anonymous

    Esto no es política. Es una guerra entre moros y criatianos. Ja ja ja ja

  6. Anonymous

    aqui tb vamos aempezar con la politica, dejar algun tema sin mezclarlo por favor

  7. Anonymous

    MU BIEN PERO LAS PALABRAS DEL PRINCIPIO NO SON MU CLARAS ANIMO JONAS FUTURO ALCALDE POR EL PP

  8. Jerjes

    Entre las palabras que sustituimos por eufemismos, hay que distinguir las que son susceptibles de caer en la descalificación o de ser utilizadas de forma peyorativa y las que son meramente descriptivas y su utilización no debiera entrañar, a priori, ningún resquemor.
    Como muchos utilizan las del primer grupo con o sin justificación, es conveniente aplicar ciertos circunloquios para no hacer daño al más sensible y educar el comportamiento de los que no distinguen el insulto de la simple denominación.
    El mal uso se hace cuando ciertos políticos, como muy bien dice el articulista, utilizan estos eufemismos de manera hipócrita y enmascaran debajo de ellos verdaderos problemas de la sociedad en lugar de afrontarlos de frente y sin tapujos

  9. Armengol

    Muy bien Jonas. Coincido contigo en todas tus apreciaciones.
    Incidiendo en la idea de España y en ese concepto absurdo de que todo lo que se cuece en torno al mismo es algo reciente, hay que decir que sí ha existido siempre la pluralidad, las regiones, los antiguos reinos, las taifas, etc. Pero había una idea común. Se da el caso curioso de que estas tierras se las quitó al moro (con perdón) el rey Fernando II de León con templarios y caballeros catalanes. No lo diremos muy alto, no sea que Rovira reivindique Cáceres como territorio catalán.
    Su abuelo, Alfonso VII, abuelo de Fernando II, no de Rovira, se autodenominaba HISPANIARUM REX (Rey de las Españas o de los españoles). Las Españas, concepto plural usado hace unos 850 años. Idea plural utilizada unos 400 años antes que los Reyes Católicos. ¡Manda huevos!
    Y el Ampurdan, ¿cuántos años tiene? ¿Dónde está?

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