Elogio del artesano
Me van a perdonar pero hoy no tengo ganas de comentar las mejores jugadas de la semana a base de sosa caústica y anecdotario familiar. No. Ni siquiera voy a lamentarme porque los parroquianos de mi barra de cabecera me quedan un poco lejos. Por mí, hasta la rubia se puede ir por donde vino con sus pulserones, su jeta de cemento armado y su rutilante expresión de amante despachada. En el fondo no es más que un síntoma esta señora, una muestra de la estulticia imperante. A veces hay que desconfiar del que no trabaja con las manos,...
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