EL TEMA DE LA SEMANA. ¿ESTUDIAS O TRABAJAS?

Hay hechos y situaciones en la vida que por una circunstancia u otra no te pasan desapercibidas, te hacen reflexionar incluso dudar sobre si el camino o dirección que uno toma en la vida es el más adecuado.

Habrán pasado unos siete u ocho años, no recuerdo exactamente, tampoco es importante, cuando si querer me encontré metido de patas en un batiburrillo familiar ajeno.

Por aquellos entonces, en mis últimos años de estudiante o recién terminado me buscaba la vida dando clases particulares, que son siempre muy socorridas, con la clara pretensión de sacarme unas pelillas para las fiestas y si sobraba, irme de camping. Entre los alumnos de aquel verano contaba con uno, varón, es relevante, que cursaba 3º de BUP o 1º de Bachillerato, reforma educativa abajo o arriba. Le habían quedado las matemáticas para septiembre pero porque él había querido, no porque no fuese capaz de aprobarlas. Lo puedo corroborar puesto que con cuatro cosillas que le conté y tres ejercicios que hizo las sacó en la convocatoria extraordinaria y con nota.

Hicimos buena liga y seguíamos manteniendo contacto, de vez en cuando le preguntaba cómo le iba en su último año en el instituto y qué tenía pensado estudiar en un futuro. Este chico tenía capacidad suficiente para aprobarlo, pero había que trabajar, no se lo iban a regalar, lógicamente.

La sorpresa llegó cuando a mitad de curso, su madre vino a verme expresamente, disgustada, muy disgustada, para pedirme que hablara con él, que su padre y ella lo habían intentado por todos los medios, pero no habían logrado que rehusara en la decisión que había tomado, que no era otra que dejar los estudios e irse con su padre a trabajar a Madrid.

Escéptico, perplejo, incluso fuera de lugar, me encontré ante esta situación. ¿Quién era yo para meterme en situaciones familiares? Nada de lo que yo le dijera, iba a ser nuevo, seguro que sus padres se lo habían advertido, poniéndole, por supuesto, mucho más énfasis, en el caso de su padre con conociendo de causa y mucho más cariño.

De todas formas acepté, pues nada había que perder. Muchas ideas pasaron por mi cabeza, qué decirle, cómo decírselo. No fue difícil coincidir con él un sábado por la noche. Me hice el encontradizo y le pregunté por su marcha, como si no supiera nada. Él sabía a lo que yo venía. Y de una larga conversación, la conclusión que saqué es que era él único de los amigos que estudia, que los demás todos curraban, que aunque no le hacía falta el dinero, tampoco tenía para comprarse ningún capricho y que lo de estudiar no era lo suyo. Acepté todas las excusas que me puso menos esta última, tanto él, como yo, como todo el mundo que lo conocía sabíamos que él tenía capacidad, quizá lo que le faltaban eran ganas. Total que no funcionó y al poco tiempo estaba en Madrid con su padre.

Pero el destino o como queramos llamarlo es caprichoso. Por aquellos entonces compraba todos los domingos El País y El ABC para pillar las ofertas de empleo del especial de economía que viene los domingos y que nadie mira excepto si estás parao o tienes perras. “Se necesitan personas con estudios recién terminados y sin experiencia”, ofertaba el períodico. Cartita de presentación, CV, sobre, sello y a Correos.

Al poco tiempo en Madrid, currando de lunes a viernes y el fin de semana a casa. O sea que me encontraba en la misma situación que mi alumno de clases particulares, con unas “pequeñas” diferencias: Cobraba tres veces menos que él. No tenía coche, por lo que me debía buscar la vida en autobús, tren o acoplarme en el vehículo de alguno. Mientras él venía con la cuadrilla cada semana en su coche. Desde la puerta de casa hasta la puerta del trabajo. Algunas semanas se complicaban las cosas en el trabajo y a dar horas que no me pagaban, él cobrando todas las horas que daba.

No una vez, ni dos, ni tres me dieron ganas de mandarlo todo al carajo. Por muchas vueltas que le daba no veía la solución al problema, y os aseguro que soy de los que busca dicha solución. ¿Con qué autoridad podía darle consejos a este chico? Me tiraría por tierra cada uno de los argumentos que yo le plateara.

Con el paso del tiempo, y después de pensarlo desde la distancia, creo que volvería a hacer lo que hice. Como me decía mi padre: “Los estudios están ahí, y no molestan. Cuando termines haces lo que quieras, te vas a la construcción, de fontanero, con un camión o intentas trabajar en lo tuyo. Si tienes estudios, podrás elegir, si no los tienes, se te cerrarán muchas puertas”. Y más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Admiro y valoro a todas las personas que están trabajando durante la semana fuera y vuelven a casa el fin de semana. Ellos son los que nos pueden explicar lo duro que puede llegar a ser estar gran parte de su vida fuera de casa. Lejos de sus familias, muchos no tendrán otra opción, aquí, hoy por hoy, no hay trabajo para todos, y hay que salir a buscarlo fuera.

Por eso, ellos deberían explicarles también a los jóvenes que tienen la opción de elegir, que no se cierren puertas, que lo que es pan para hoy, puede que sea hambre para mañana.

José Pedro Martín Lorenzo

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7 Comments

  1. Anonymous

    al que dice que el dinero que se gana en la construcción es rapido y facil, le digo que se venga un par de meses conmigo a madrid ahora en el verano y luego que vuelva a opinar no os parece

  2. Anonymous

    Estoy en la línea del anónimo, posiblemente estar en un puesto de trabajo que te guste, independientemente de que cobres menos, ya es una ventaja. Se me viene a la mente los cocineros. Otra profesión que es muy sacrificada al estar siempre entre fogones, con trabajo a turno partido y encima fines de semana incluidos, la leche!!. Hablas con ellos y están más pendientes de abrir su propio establecimiento que de cambiar de trabajo.
    Es muy difícil que los chavales cambien de idea si ven que sus mayores se levantan mucho dinero y tienen los fines de semana para disfrutar «a tope». Es el efecto inmediato del dinero fácil: coches, bebida, etc.
    En mi caso, trabajo en lo que me gusta, aunque los horarios sean bastante malos, con fines de semana incluidos, verano y fiestas, pero como me encanta, no tengo problema.

  3. Nutria

    Sr. Martín Lorenzo. en ningún momento he dudado del respeto y valoración que Ud. hace de cada una de las personas, sean o no profesionales de alguna rama laboral. Nada más lejos de mi intención.
    En mi opinión lo que intentaba reflejar con mi comentario es iculcar valores a los jovenes, y ahí incluía los estudios obligatorios, que como el propio adjetivo indica son eso, obligatorios, y válidos para esa mínima preparación que Ud. reclama. Eso entra en la responsabilidad de cada padre y cada madre, y no dudo de que todos aquellos que ya tenemos hijos, y Ud. los tiene, quieran lo mejor para ellos e intenten hacerlo lo mejor posible en el tema de su educación. A partir de ahí, y si hemos conseguido nuestro propósito y esos hijos son responsables harán lo que quieran hacer, pero siempre desde la base de los valores adquiridos, como otro comentarista detallaba, sintiéndose agusto con lo que hacen. Todos conocemos albañiles jóvenes, no precisamente en Madrid, sino trabajando en el pueblo, formando sus propias empresas y atendiendo la demanda que el pueblo genera, que existe y seguirá existiendo, formados en valores y siendo auténticos profesionales.
    Elegí albañil alfabéticamente, pero podría seguir, biólogos, camioneros, dentistas, encofradores, farmaceúticos, gasolineros, etc…
    Creo que los dos nos dirigíamos con nuestras palabras al mismo sentido para las mismas, la formación en valores de las personas y ahí no solo entran a formar parte los estudios.

  4. Anonymous

    Cuando se acabe este ‘boom’ inmobiliario que estamos viviendo ya veremos qué hacen todos aquellos que se han apuntado al dinero rápido y fácil de trabajar en la construcción en Madrid. Para este trabajo no te piden ningún requisito, cualquiera puede hacerlo, mejor o peor. Pero si este tipo de trabajo deja de demandar personal ¿a qué se van a dedicar todas estas personas si no tienen formación específica en otro oficio porque no se preocuparon de forjarse un futuro sino de morder de la tarta que se les ofrecía?
    Habría que enseñar a los niños desde pequeños a tener interés por las cosas. Enseñar a los jóvenes a interesarse por los temas que les llamen más la atención y provoquen en ellos emociones para que así se valoren en la vida las satisfacciones personales por encima del dinero.
    Es cuestión de educación. Si amamos lo que hacemos no nos importará ganar menos dinero que haciendo algo que no nos llena pero que nos reporta más beneficios.
    Y no es cuestión de estudiar o trabajar, sino de elegir qué hacer en la vida.

  5. lorailo flores

    Chepe, te doy la razón en todo lo que dices. En mi caso, que soy estudiante, te dan ganas de tirarlo todo al traste porque ves que ni con estudios se sale adelante, no basta con una carrera, tienes que hacer un máster, que son 2 años y 3000 y pico euros, y si es bueno bueno, vete a madrid, paga piso (300 € mes) y vive. Todo esto sin beca, pues yo no soy becaria, sólo porque mi padre lo cobra todo en nómina y los padres de mis amig@s en dinero negro, y reciben becas de hasta 6.000 €. Pero ese es otro tema del cual mejor no hablar pues me tiene bastante indignada.

    A lo que iba, que para poder trabajar de lo que has estudiado o te lo curras durante años y pagas dinero por un tubo, o te preparas unas oposiciones, en las cuales tienes que competir con gente de 40 años que llevan toda la vida trabajando y que sin aprobar la oposición, adquieren plaza antes que tú. Entonces, qué es lo fácil, lo que hizo tu alumno, irse a Madrid, a no pasarlo muy bien muchas veces, pero a ganar dinero de una forma rápida y sin altruismo. A venirse todos los viernes, como bien dices, con su furgoneta, y, sin embargo, tanto tú como yo (porque una vez coincidimos en el auto res a la 1 de la mañana un domingo)tenemos que buscarnos las castañas tren parriba autobús pabajo.
    Esto sucede, claro está, sólo en hombres, pues cualquier chico de mi edad gana unos 2000 € en la construcción, se comparan audis A3 y terrenos, sin embargo, una chica de mi edad (22), sin estudios jamás ganará 2000 €, ni 1000 si me apuras. Aún nosotras no podemos ser encofradoras, desde luego que yo no aguantaría. Es admirable cómo soportan el calor, el frío, y los 50 grados del hormigón en pleno agosto.

    Desde aquí hago un mini homenaje a todos aquéllos que los domingos a las 4 arrean pa Madrid y que el viernes a la 1 comienzan a llenar los bares y hogares del pueblo.

    Y también a esas mujeres e hijos que saben esperar, sobre todo a las madres que prácticamente cuidan y educan a sus hijos solas.

  6. José Pedro

    Sr. Nutria, en primer lugar le felicito por la linea de opnión que normalmete tienen sus comentarios, siempre constructivos. Es una opinión personal.

    Ahora le constesto. En ningún momento quiero desmerecer a las personas que no tienen estudios y es el motivo que más me preocupaba a la hora de publicar este artículo. Que los lectores entendieran eso. Pone bien claro «Respeto y valoro» a todos los profesionales, estaría tirando piedras sobre mi propio tejado, no el mío pero sí de algunos de mis familiares más próximos, que precisamente son a la personas que más respeto me merecen. Supongo que como cada uno vosotros.

    Pero me gustaría que a los jóvenes se le inculcara la idea que al menos los estudios obligatorios, son eso obligatorios. Es su obligación y por lo tanto deberían forzarse por sacarlos.

    He escuchado a más de un padre decir, «es que a mi hijo no le gusta estudiar» , no señor, es su responsabilidad como usted dice, y además, en los tiempos en los que hoy nos movemos, hay que tener una pequeña, aunque sea pequeña preparación. Simplemente, porque hay mucho listo, que si pueden te la pegan.

    Pero por favor, no quiero que se malinterpreten mis palabras. Soy de los que piensa que un buen profesional, nunca pasará hambre, pero si está preparado, si tiene cierta cultura, se defenderá mejor por la vida.

    Y para terminar, no discrepo en ni una de las palabras que dice.

  7. Nutria

    Las puertas, Sr. Martín Lorenzo, no se cierran así como así. Las cerramos la sociedad.
    En este mundo no nos hacen falta personas que sean abogados sin querer serlo, profesores de matemáticas sin querer serlo, o fontaneros (por retomar la alusión que Ud. hace), sino profesionales en su trabajo.
    Tanto valor tiene el profesor de matemáticas que tiene vocación y enseña a sus alumnos como el arquitecto que diseño la escuela donde el profesor imparte sus clases, así como el albañil que la construyó con la ayuda del peón que le hacía la masa.
    Lo que hay que meterr a los jóvenes en la cabeza es el sentido de la responsabilidad y eso no significa que tengan que estudiar, sino que sean aquello que quieran ser, siendo profesionales en ese campo.